Las fugas de película del Castillo de Colditz

El Castillo de Colditz situado en Sajonia, Alemania, es un gran castillo de origen medieval que podría haber pasado de largo por la historia si no fuera porque durante la Segunda Guerra Mundial fue utilizado como prisión por el régimen nazi. Durante esa época el Castillo de Colditz fue conocido como Oflag IVc y sus muros fueron testigo de algunos intentos de fuga tan espectaculares como geniales, dignos del mejor guión de cine.
Castillo de Colditz

Los orígenes del Castillo de Colditz se remontan al año 1158 cuando comenzó su construcción, sirviendo de baluarte defensivo y atalaya durante siglos. Tras varias reconstrucciones y renovaciones, el recinto del castillo y sus terrenos anexos se utilizaron para diversas funciones como hospicio y hospital psiquiátrico, hasta que durante la Primera Guerra Mundial fue utilizado como campo para prisioneros de guerra.

El hecho de que nadie consiguiera fugarse de Colditz hizo que fuera utilizado de nuevo para esta función también durante el régimen nazi.

Los nazis comenzaron a usar Colditz para sus intereses poco después de llegar al poder en 1933. En esa primera época se encarceló allí a comunistas, judíos y homosexuales. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial pasó a denominarse oficialmente como Oflag IVc (Offizierslager IVc o Campo de oficiales). Entre octubre de 1940 que llegaron los primeros prisioneros y abril de 1945 cuando Colditz fue tomado por las tropas estadounidenses, el campo Oflag IVc estuvo funcionando como prisión nazi de máxima seguridad, acogiendo entre sus muros a oficiales experimentados en fugas de otros campos; a los denominados "volksfeindlich" o traidores; y a algunos personajes distinguidos o familiares de personajes aliados importantes que habían sido capturados.

Vista aérea Castillo de Colditz en 1945Su seguridad era tal que a menudo se decía que había más guardias que prisioneros dentro de sus muros siendo la única prisión de alta seguridad de este tipo de toda Alemania. Controlado por la Wehrmacht, una guarnición vigilaba el patio con sus dos únicas salidas mientras todo el recinto estaba rodeado de alambradas y vigilado constantemente por 200 centinelas. Además el castillo estaba construido sobre un terreno idóneo para esta función ya que se asentaba en un saliente de rocas sobre el río Mulde, en la localidad de Colditz, a más de 400 kilómetros de una frontera que no estuviera bajo el dominio nazi. 

A pesar de todo ello, el Castillo de Colditz es conocido por los numerosos intentos de fuga que se produjeron durante esos años. Si bien la mayoría no tuvieron éxito y los prisioneros fueron capturados de nuevo tras conseguir fugarse, se estima que entre 30 y 36 personas alcanzaron su objetivo de escapar y ponerse a salvo en las poco más de 20 fugas exitosas que hubo. Solo se produjo una muerte, la del teniente británico Michael Sinclair en septiembre de 1944 cuando fue tiroteado al intentar saltar la valla, fue enterrado con honores militares en el mismo cementerio del castillo.

Para preparar las fugas, los prisioneros idearon una forma de obtener información de algunos guardas alemanes o de gente del pueblo, creando una especie de mercado negro con los suministros que les enviaba la Cruz Roja. Gracias también a algunos objetos que conseguían introducir en la prisión a través de los paquetes personales que recibían, con los que se fabricaron herramientas y a una gran labor de campo por la que obtuvieron duplicados de llaves, mapas e identificaciones falsas, en poco tiempo se empezaron a producir las primeras fugas. En algunos momentos llegaron a ser tan numerosos los intentos de escape que se nombró un oficial de fugas para poder coordinarse. Este cargo recayó en Pat Reid, un oficial que años después escribiría un libro sobre la prisión de Colditz y los intentos de fuga aunque él no consiguió escapar con éxito.

Prisioneros Castillo de ColditzLa primera fuga con éxito del Castillo de Colditz se produjo en abril de 1941, cuando el teniente francés Le Ray consiguió escapar y huir a Suiza. Le Ray aprovechó la disputa de un partido de fútbol para esconderse en una cabaña en construcción y evitar a los guardias, allí se vistió de civil con unas ropas que había escondido, tras huir, caminó más de 400 kilómetros hasta la frontera Suiza y alcanzó la libertad. Antes que él ya lo habían intentado otros 8 presos en 4 intentos de fuga, el primero de ellos en marzo, cavando un túnel. Los 8 fueron capturados antes de poder escapar.

Los intentos de fuga se siguieron sucediendo de las formas más variopintas: disfrazándose de guardias, de electricistas, incluso de mujer; haciéndose pasar por enfermos para fugarse más fácilmente desde el hospital al que eran trasladados; escondiéndose en el saco de correos; construyendo túneles desde casi cualquier sitio como los baños o la capilla; e incluso alguno de ellos consiguió fugarse mientras era conducido a juicio escapando por el camino y subiéndose a un tren.
Los guardias alemanes llegaron a construir un museo en el castillo donde iban recogiendo todo el material de fugas que incautaban. Dos de las piezas destacadas eran dos cabezas de arcilla que los presos construyeron para sustituir en el recuento a los oficiales que conseguían fugarse. 

Algunos de estos intentos de fuga del campo Oflag IVc fueron tan originales y elaborados que merecen ser mencionados en más detalle. No solo son dignos de un guión de Hollywood, en algunos casos fueron la inspiración para algunas de las más conocidas películas sobre fugas.

En diciembre de 1940, el prisionero Peter Allan Murray intentó fugarse metido dentro de un colchón.  Este oficial británico que hablaba un alemán fluido gracias a que había estudiado en Alemania antes de la guerra, se vistió con un uniforme de las juventudes hitlerianas y aprovechando su pequeña estatura y peso, se escondió dentro de uno de los colchones que se iban a llevar fuera del campo. Consiguió llegar hasta Viena donde pidió asilo al consulado americano (Estados Unidos no había entrado aún en el conflicto oficialmente) que se lo negó. Exhausto y sin dinero, finalmente fue capturado de nuevo y llevado de vuelta a Colditz donde fue castigado a pasar 3 meses en aislamiento.

Mapa Castillo de ColditzEl teniente francés Mairesse Lebrun tuvo más suerte y tras varios intentos de fuga anteriores finalmente consiguió fugarse en julio de 1941. Durante semanas estuvo corriendo en el patio todos los días para fortalecer sus piernas hasta que llegado el día, un compañero le hizo de catapulta ayudándole a impulsarse por encima de la alambrada. Los guardias lo vieron y aunque abrieron fuego no consiguieron alcanzarle, Lebrun consiguió saltar también el siguiente muro y tras robar una bicicleta llegó a la frontera suiza. Dos semanas después, el comandante del campo Oflag IVc recibió una carta donde se le solicitaban los efectos personales de Lebrun.

Otro de los intentos de fuga memorables lo protagonizaron dos tenientes polacos en mayo de 1941 mediante una cuerda construida con sábanas. Tras hacer todo lo posible para ser confinados en aislamiento, forzaron las cerraduras y se situaron en el tejado de uno de los edificios de los guardas desde donde debían descender por su cuerda de sábanas 36 metros hasta el suelo ya fuera del campo. Fueron detectados por los guardias alemanes mientras descendían por la cuerda cuando éstos oyeron el sonido de las botas en la pared del edificio y capturados inmediatamente.

La construcción de túneles o la utilización de antiguos túneles que tenía el Castillo, fue uno de los métodos más habituales para intentar escapar. Dos de estos intentos fueron realmente elaborados, uno llevado a cabo por oficiales británicos y otro por oficiales franceses.

Los británicos encontraron una vía de escape a través de las alcantarillas que había debajo del castillo en 1941. El acceso era desde de la cantina (el comedor) y tras varios viajes de reconocimiento, decidieron extender el túnel para hacer una salida hasta el exterior por donde pudieran pasar. Tras varios meses de preparación, el 29 de mayo intentaron la escapada, sobornando a uno de los guardias con 100 marcos alemanes. Pat Reid fue el encargado de organizarlo, se escondió por la noche en la cantina y abrió la puerta a sus compañeros que fueron pasando uno a uno al túnel para escapar. Sin embargo su aventura no tu éxito, el guardia sobornado les traicionó y los 12 hombres fueron capturados por los guardias alemanes que les estaban esperando.

Túnel Castillo de ColditzLos franceses por su parte construyeron un túnel que se convirtió en una auténtica obra de ingeniería, el túnel más largo para intentar escapar del Castillo de Colditz. Debajo de la torre del reloj de la capilla tenían acceso a los sótanos y desde la bodega de vinos comenzaron a cavar un túnel durante más de 8 meses en 1941.

Tras 4 metros excavados tuvieron que modificar el recorrido debido a que se toparon con roca que no podían picar, la solución fue desviar la excavación pasando por debajo de la capilla. La longitud total del túnel francés fue de 44 metros con una profundidad final de 8 metros y medio.

La labor fue titánica, construyendo un túnel que contaba con suministro eléctrico que tomaron desde la capilla, la entrada al túnel se tapaba con rocas que cubrían el agujero y se limpiaba de nuevo la bodega tras cada trabajo para no dejar rastro de la excavación que estaban realizando. Los escombros extraídos eran izados en sacos por la torre del reloj y ocultados en los altos del castillo.
A pesar de su trabajo y especial cuidado, los alemanes sospechaban que se estaba excavando un túnel y se dedicaron a buscarlo por todo el recinto hasta que dieron con él. Este intentó francés quedó frustrado cuando les quedaban apenas 2 metros de túnel para terminarse.

El último intento de fuga del Castillo de Colditz fue también probablemente el más ingenioso y original. La idea era construir un planeador que se lanzase desde el tejado para descender suavemente cerca de 60 metros hasta más allá del rio Mulde, en el aparato podrían ir dos personas.
La idea del planeador de Colditz (Colditz glider) se le ocurrió a Tony Rolt, un teniente británico que después de la guerra participó en el primer Gran Premio de Fórmula 1 en 1950. A pesar de ser un hombre de acción, no tenía experiencia como piloto por lo que encargó la construcción del avión a dos oficiales de la RAF que también estaban cautivos, Jack Best y Bill Goldfinch. El planeador fue construido en el ático de la capilla, un lugar al que los alemanes no tenían visión desde sus puestos de guardia. En su construcción emplearon todos los materiales de que disponían: tablas de madera de las camas, tableros del suelo, cables eléctricos, toallas, ropas de cama... incluso construyeron una rampa de lanzamiento a partir de unas mesas y una bañera llena de cemento como contrapeso para alcanzar la suficiente aceleración. El planeador construido era realmente ligero, con 109 kilos de peso, su envergadura era de casi 10 metros y una longitud de 6 metros.

Fotografía planeador de ColditzLos acontecimientos de la guerra provocaron que el planeador nunca llegara a volar. Cuando ya estaba casi terminado, llegaron noticias de que la Segunda Guerra Mundial estaba cerca de su fin, por lo que se decidió que el intento de escapar en él se haría en mayo o solo se adelantaría como vía de escape para que alguno de los prisioneros pudiera llegar hasta las tropas americanas en el caso de que las SS recibieran las órdenes de ejecutar a los prisioneros. Finalmente el 16 de abril de 1945 las tropas estadounidenses liberaron el campo de prisioneros del Castillo de Colditz. El planeador original de Colditz no se conservó aunque se pudo tomar una única fotografía de este curioso ingenio.

En el año 2000 se realizó una réplica para el documental "Escape From Colditz" donde se demostró que el planeador hubiera funcionado. Actualmente se puede visitar esta réplica en el Imperial War Museum de Londres.

En los pocos años que el Castillo de Colditz funcionó como campo de prisioneros Oflag IVc se produjeron incontables intentos de fuga. Según las cifras oficiales, 32 oficiales consiguieron fugarse con éxito aunque otras fuentes apuntan a que pudieron ser más.

En la actualidad, el Castillo de Colditz pertenece al Estado de Sajonia. Se han renovado parte de los edificios para convertirlo en un albergue juvenil mientras otras se han mantenido tal como estaban durante la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en un museo dedicado a las fugas que allí se dieron.

Schloss Colditz

Los Papeles de Beale y el misterioso tesoro enterrado

Conocido popularmente como El cifrado de Beale (Beale ciphers) o los Papeles de Beale, se trata de un conjunto de tres textos cifrados cuya solución supuestamente indicarían la localización de un gran tesoro enterrado en el condado de Bedford, Virginia, compuesto de oro, plata y joyas. De los tres textos, se ha conseguido descifrar el segundo de ellos que da información sobre el contenido del tesoro; el primero sobre su ubicación y el tercero sobre el nombre de los dueños del tesoro y sus familias siguen siendo un misterio sin resolver.
Beale ciphers Virginia

La historia comienza a principios del Siglo XIX cuando un grupo de 30 aventureros liderados por Thomas J. Beale procedentes de Virginia, que se dedicaban a la caza de búfalos, se toparon con una rica mina llena de oro y plata. Situada la mina probablemente al norte de Santa Fe, en el Estado de Colorado, el grupo de hombres se dedicaron durante 18 meses a excavar la mina para extraer todo el oro, plata y metales preciosos que pudieron. Beale fue el encargado de transportar todo el tesoro de vuelta a Virginia donde debía enterrarlo en un lugar seguro, cerca de Montvale, en el mismo condado de Bedford. Tras hacerlo, escribió tres mensajes encriptados: el primero con la ubicación del tesoro; el segundo con una descripción de su contenido; y el tercero con los nombres de los propietarios y sus familias.

Beale colocó los tres textos cifrados en una caja de hierro que entregó a una persona de confianza, el posadero Robert Morris de la ciudad de Lynchburg, indicándole que no debía abrir la caja a menos que él o uno de sus hombres no regresara de su viaje en los siguientes diez años. Pocos meses después, Morris recibió una carta de Beale procedente de St. Louis prometiéndole que un amigo le enviaría la clave de los criptogramas, sin embargo nunca llegó.

declaracion independencia de estados unidosDe Beale y de sus hombres nunca se volvió a saber y 23 años después, en 1845, finalmente Morris abrió la caja. El posadero se encontró con varias páginas de texto cifrado separados como Papeles (Papers) 1, 2 y 3. Nunca consiguió descifrar su contenido y antes de morir entregó la caja con los papeles a un amigo. Este hombre sin embargo tuvo más suerte, aunque su nombre es desconocido ya que no hay registros de él, se dedicó durante 20 años a intentar descifrar los criptogramas de "Los Papeles de Beale" y consiguió finalmente resolver el segundo de ellos, el que daba información sobre el contenido del tesoro enterrado. Para descifrarlo usó como clave una copia de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, sustituyendo los números por la primera letra de la palabra que aparece en el histórico documento. El mensaje es el siguiente:

He depositado en el condado de Bedford, a unas cuatro millas de Buford's, en una excavación, seis pies por debajo de la superficie de la tierra, los siguientes artículos, que pertenecen conjuntamente a las partes cuyos nombres figuran en el número tres, adjunto:

El primer depósito consistió en mil catorce libras de oro, y tres mil ochocientas doce libras de plata, depositada en noviembre de 1819. El segundo se hizo en diciembre de 1821, y consistió en mil novecientas siete libras de oro, y mil doscientos ochenta y ocho de plata; también joyas, obtenidos en St. Louis, a cambio de plata para el transporte, y un valor de trece mil dólares.
Lo anterior se embaló con seguridad en ollas de hierro, con tapas de hierro. La excavación está cubierta de piedras. El Papel número uno describe la localización exacta de la cámara, de modo que no debe de haber ninguna dificultad en encontrarlo.

Este hombre sin embargo no consiguió resolver los otros dos textos cifrados y finalmente hizo públicos los criptogramas y las cartas. Fueron publicadas en un panfleto titulado "The Beale Papers" por James B. Ward en 1885 que puso a la venta por un precio de 50 centavos. Desde su publicación, se han realizado numerosos intentos por descifrar los textos restantes y por encontrar el tesoro cuyo valor actual se estima en más de 63 millones de dólares. Todos ellos han fracasado.

Como es lógico, hay discrepancias sobre si los textos cifrados son reales o un bulo (Hoax). Los más escépticos señalan que hay varias incongruencias y datos extraños que hacen sospechar sobre la autenticidad de estos documentos: es sospechoso que Beale usara tres textos cifrados con al menos dos claves criptográficas distintas, especialmente cuando uno de ellos se refiere a los legítimos poseedores del tesoro, además, el tercer texto sería demasiado corto para enumerar a los familiares de los 30 aventureros; se señala también que la forma de escritura y los signos de puntuación que utiliza son muy parecidas entre el autor del folleto y los supuestos papeles originales de Bale. Que haya sido descifrado el segundo texto pero no los otros es considerado como algo hecho de forma deliberada para fomentar el interés por el tesoro y por la venta del folleto original, cuyo precio en la época era bastante elevado.

En todo caso, durante décadas, numerosos criptógrafos han intentado romper los textos cifrados restantes sin éxito. A finales de 1960 se utilizaron supercomputadoras para analizar los sistemas de cifrado sin conseguir descodificarlo y se han probado como claves del cifrado otros conocidos libros y documentos como la Biblia, la Carta Magna o la constitución de Estados Unidos. Los expertos criptoanalistas que lo han intentado y le siguen dando veracidad creen que es posible que Beale utilizase un documento escrito por el mismo como clave del cifrado y que encontrar esta "llave" puede ser cuestión de puro azar.

Sea como fuere, las dudas sobre la veracidad del Tesoro enterrado no han sido suficientes para disuadir a los cazadores de tesoros. Durante más de 100 años se han producido numerosas excavaciones y expediciones en el Condado de Bedford en busca del supuesto tesoro enterrado. En algunos casos se han producido incluso detenciones por excavaciones no autorizadas e intromisiones en propiedades ajenas, algunas de ellas protagonizadas por grupos numerosos como la que se produjo en 1990 con un grupo de hombres procedentes de Pennsylvania.

Tanto para criptógrafos como buscadores de tesoros, los Papeles de Beale y el supuesto tesoro que esconden siguen siendo un misterio.


Papeles de Beale 1

Papeles de Beale 2

Papeles de Beale 3

Venera, las misiones soviéticas a Venus

En plena Guerra Fría y durante casi 20 años, las dos mayores potencias mundiales se lanzaban a una competición tecnológica en la exploración del espacio. El momento álgido de esta Carrera Espacial se produjo cuando el 21 de julio de 1969 el comandante Neil Armstrong se convertía en el primer ser humano que pisaba la Luna. Un éxito de las misiones Apolo de la NASA y que Estados Unidos necesitaba tras los logros conseguidos anteriormente por la Unión Soviética.

VenusEntre sus distintos éxitos, los soviéticos habían conseguido en 1957 poner en órbita en primer satélite artificial, el Sputnik 1, y ese mismo año conseguían también poner en órbita alrededor de la Tierra al primer ser vivo, la perrita Laika, dentro del Sputnik 2. En abril de 1961 la URSS lograba uno de los mayores avances de la carrera espacial cuando Yuri Gagarin a bordo del Vostok 1 se convertía en el primer hombre en el espacio. Son los hitos más conocidos del Programa Espacial de la Unión Soviética pero no los únicos, ya que las misiones espaciales continuaron y gracias al Programa Venera, en 1966 los soviéticos se convertían también en ser los primeros en conseguir posar un objeto humano en la superficie de otro planeta, el elegido fue Venus.

El Programa Espacial Venera (nombre ruso para Venus) fue una serie de sondas lanzadas por la Unión Soviética a Venus para recabar datos de este planeta. El programa se desarrolló entre 1961 y 1984 y aunque varias de las sondas fracasaron y no cumplieron su objetivo, otras lo lograron y entre la mucha información que transmitieron se incluyen las primeras fotografías de la superficie de Venus. Las sondas debían aguantar las extremas condiciones del planeta: una densa atmósfera compuesta principalmente de dióxido de carbono; una enorme presión atmosférica 90 veces superior a la presión atmosférica de la Tierra; y una temperatura media en la superficie de 464 grados, lo que convierte a Venus en el planeta más caliente del Sistema Solar.

Programa VeneraAdemás de las propias sondas Venera también se lanzaron a Venus sondas de otros programas como Sputnik o Cosmos, sin embargo se utilizaron como pruebas y tras fallar en sus objetivos no se incluyeron dentro del programa Venera. El primer intento de lanzar una sonda a Venus por la Unión Soviética fue la nave Tyazhely Sputnik (Venera 1VA No.1) el 4 de febrero de 1961. La misión falló,  reentrando de nuevo la nave en la atmósfera terrestre sobre Siberia el 26 de febrero, el gobierno soviético no llegó a reconocer el fallo y alegó que se trataba de una prueba para un satélite.

Oficialmente, la primera sonda del Programa Venera se lanzó el 12 de Febrero de 1961. Venera 1 (Venera-1VA No.2) pesaba 643 kilogramos, medía dos metros de altura e iba equipada con instrumentos científicos para realizar mediciones. Siete días después de su lanzamiento, el 19 de febrero, se perdió el contacto con la nave cuando se encontraba a 1.900.000 kilómetros de distancia de la Tierra. La misión Venera 1 se consideró fallida y las últimas noticias de la sonda fueron cuando el 19 de mayo de 1961 pasó a una distancia de 100.000 kilómetros de Venus, los científicos creen que quedó posteriormente en órbita alrededor del Sol (órbita heliocéntrica). Tras este fracaso, la Unión Soviética lanzó una serie de sondas como pruebas para las misiones a Venus que también resultaron fallidas aunque no se incluyeron dentro del Programa Venera.

Sonda Venera 1Cuatro años después se lanzaba la siguiente sonda, Venera 2 (3MV-4 No.4). Además de llevar instrumentos científicos iba equipada también con cámaras, su lanzamiento se produjo el 12 de noviembre de 1965. Su aproximación más cercana a Venus se produjo el 27 de febrero de 1966 cuando se constató que la sonda Venera 2 se encontraba a 24.000 kilómetros de distancia del planeta. Sin embargo poco después la nave comenzó a fallar y se la declaró perdida el 4 de marzo. Se cree que al igual que su antecesora, se quedó en órbita heliocéntrica.

La sonda Venera 3 fue lanzada el 16 de noviembre de 1965, con cerca de una tonelada de peso, era algo más pesada que sus predecesoras. Iba equipada con un sistema de comunicaciones, instrumentos para medir la presión atmosférica y medallones con el escudo de armas de la Unión Soviética. Su misión era posarse en la superficie de Venus y transmitir datos, algo que pudo conseguir entre otros motivos porque no iba equipada con ningún aparato especial para el aterrizaje, se esperaba que siguiera operativa tras llegar a la superficie. No llegó a completar su misión ya que el sistema de comunicaciones falló antes de llegar al planeta, sin embargo la sonda Venera 3 consiguió un hito histórico el 1 de marzo de 1966 cuando se estrelló contra Venus y se convertía en la primera nave u objeto creado por el hombre en impactar en la superficie de otro planeta. A partir de entonces, las sucesivas misiones Venera se contarían por éxitos del Programa Espacial Soviético.

Sonda Venera 4La sonda Venera 4 (4V-1 No.310) fue lanzada el 12 de junio de 1967 y se convirtió poco después en la primera misión que ha analizado in situ la atmósfera de otro planeta. Tras una corrección de su trayectoria el 29 de julio cuando la sonda se encontraba a más de 12 millones de kilómetros de la Tierra, el 1 de octubre de 1967 la nave Venera 4 entraba en la atmósfera de Venus. Durante su entrada los escudos térmicos tuvieron que soportar los 11.000 °C, poco después, a una altitud de 52 kilómetros se desplegó el paracaídas y se comenzaron a recabar datos de la atmósfera que se transmitieron a la Tierra.

A 52 kilómetros de altitud Venera 4 transmitió que la temperatura era de 33 °C y una presión similar a la Tierra, tras 26 kilómetros de descenso, los datos enviados indicaban que la temperatura exterior había ascendido a 262 °C, la presión era ya de 22 atmosferas mientras continuaba subiendo a medida que la sonda se acercaba a la superficie. Poco después se cortó la transmisión, los científicos creen que se pudo posar de forma suave sobre la superficie de Venus aunque hay ciertas dudas al respecto ya que la nave solo podía soportar hasta 25 atmósferas de presión y posteriormente se confirmó que la presión atmosférica de Venus puede llegar hasta las 90 atmósferas.

Venera 4 fue un absoluto éxito, el análisis químico reveló entre otras mediciones que la atmósfera venusiana estaba compuesta casi por completo de dióxido de carbono. Se constató que Venus tenía una temperatura extremadamente alta y los datos sugerían que si en algún momento tuvo agua había desaparecido por completo hacía mucho tiempo. Las siguientes sondas lanzadas en 1969, Venera 5 y Venera 6, también pudieron cumplir sus respectivas misiones y tras su entrada en la atmósfera de Venus durante su descenso estuvieron transmitiendo datos a la Tierra acerca de la atmósfera del planeta durante más de 50 minutos.

Superficie de Venus
La misión de la sonda Venera 7, lanzada el 17 de agosto de 1970, era la de aterrizar de forma suave sobre la superficie de Venus. Tras entrar en la atmósfera del planeta el 15 de diciembre, se desplegó el paracaídas y comenzó a recabar datos. Un fallo en el paracaídas provocó que una parte del descenso lo realizará a más velocidad, impactado con la superficie de Venus a 16,5 m/s, sin embargo la sonda sobrevivió al impacto y pudo transmitir convirtiéndose en la primera nave espacial en transmitir datos desde la superficie de otro planeta.

Los datos enviados fueron lecturas de temperatura que indicaban una temperatura en la superficie de Venus de 475 °C. Poco después, en 1972, la sonda Venera 8 completaba también su misión satisfactoriamente transmitiendo datos sobre la radiactividad del planeta y de sus vientos durante más de 50 minutos. Sirvió para confirmar también los datos de presión atmosférica y altísimas temperaturas en la superficie de planeta enviados por las sondas anteriores. 11 segundos después de posarse la sonda dejó de funcionar debido a las extremas condiciones de Venus.

El 8 de junio de 1975 se producía el lanzamiento de lo que sería el siguiente gran éxito del Programa Espacial Soviético, la sonda Venera 9 (4V-1 No. 660) . Esta nave estaba compuesta por un orbitador y un módulo de aterrizaje (Lander) que sumaban un peso total de casi cinco toneladas. El 20 de octubre de 1975 el Lander se separó el orbitador y aterrizó en el planeta. Gracias a su sistema de refrigeración estuvo funcionando y recabando datos durante 50 minutos antes de ser aplastada por las 90 atmósferas de presión del planeta. En ese tiempo pudo tomar y transmitir a la Tierra las primeras fotografías de la superficie de Venus de la historia.
 
Venera 9 primeras imágenes de la superficie de Venus

Poco después, el 25 de octubre, la misión Venera 10, se completaba también de forma exitosa tras aterrizar su módulo en la superficie del planeta, recabar datos durante 65 minutos y conseguir transmitir más fotografías de Venus. Las siguientes misiones, Venera 11 y Venera 12 se consideraron también un éxito, tras conseguir entrar en la atmósfera venusiana y recopilar datos durante más de un hora tras aterrizar, aunque esta vez no llevaban cámaras incorporadas.

Las siguientes sondas, Venera 13 y Venera 14, eran naves prácticamente idénticas, con un peso de 760 kilos y se lanzaron casi al mismo tiempo, con cinco días de diferencia, en octubre de 1981. Venera 13 fue la primera en llegar, aterrizando sobre Venus el 1 de marzo de 1982, realizando mediciones, enviando datos a la Tierra y tomando las primeras fotografías a color de la superficie de Venus. La sonda Venera 14 aterrizó en el planeta también de forma exitosa el 5 de marzo a casi 1.000 kilómetros del módulo anterior, realizando mediciones y tomando más fotografías.

Venera 13 primeras fotos a color de Venus

Dos años después, en junio de 1983, se lanzaban las dos últimas sondas del Programa Venera a Venus, las sondas Venera 15 y Venera 16. Se trataban de dos naves idénticas Venera 4V-2 que cuya misión era orbitar el planeta mientras cartografiaban con ondas de radar la superficie de Venus. Juntas estuvieron alrededor del planeta durante 8 meses mapeando aproximadamente el 25% de la superficie de Venus.

El Programa Venera se daba por finalizado y la Unión Soviética continuó sus investigaciones de Venus a través del Programa Vega en las que las naves iban a ser también aprovechadas para estudiar el paso del Cometa Halley en 1986.

Sonda Venera 3

Sondas Venera 13 y 14 Venus

Venera 15 y 16

Fotografía de la superficie de Venus, Programa Venera

Fotografía Superficie de Venus