The Filthy Fifteen, las 15 canciones que escandalizaron a Estados Unidos en 1985

En 1985, quince canciones de rock, pop y heavy metal se convirtieron en protagonistas involuntarias de una de las mayores polémicas sobre música, censura y libertad artística de la historia reciente de Estados Unidos. La lista recibió el nombre de "The Filthy Fifteen", 15 canciones que se consideraban inapropiadas para los jóvenes y que se podría traducir como "Las quince inmundas" o "Las quince asquerosas".

Detrás de esta iniciativa se encontraba el Parents Music Resource Center (PMRC), una organización creada ese mismo año por un grupo de mujeres entre las que se encontraba Tipper Gore, esposa del entonces senador Al Gore. Su preocupación era el contenido de determinadas canciones populares, que consideraban demasiado explícitas para los jóvenes. Sexo, violencia, drogas y referencias al ocultismo eran algunos de los temas que más preocupaban al grupo.

Las polémicas 15 canciones de la lista Filthy Fifteen
El PMRC no se limitó a protestar contra algunas canciones. Propuso también que los discos incorporasen advertencias que permitieran a los padres identificar aquellos contenidos que podían resultar inapropiados para sus hijos. Para llamar la atención sobre el problema, elaboró una lista de quince canciones especialmente polémicas. Así nació la famosa Filthy Fifteen.

La lista resultaba bastante curiosa porque reunía artistas y estilos muy diferentes. Entre ellas, encontramos a Prince con "Darling Nikki", una canción incluida en el álbum Purple Rain que contenía referencias sexuales explícitas. El tema fue, de hecho, uno de los principales ejemplos utilizados por el PMRC para defender la necesidad de advertencias.

También aparecían Sheena Easton con "Sugar Walls", Vanity con "Strap on 'Robbie Baby'", AC/DC con "Let Me Put My Love Into You", "Dress You Up" de Madonna, "In My House" de Mary Jane Girls y "She Bop" de Cyndi Lauper, todas señaladas por sus referencias sexuales.

El heavy metal en particular tuvo una presencia considerable. Mötley Crüe apareció con "Bastard", clasificada por sus referencias a la violencia, mientras que W.A.S.P. entró en la lista con el bastante explícito título "Animal (Fuck Like a Beast)". Def Leppard, por su parte, fue señalado por "High 'N Dry", relacionado con el consumo de drogas y alcohol; y Judas Priest con "Eat Me Alive" por hablar explícitamente del sexo oral.

A ellos se sumaron otros temas como "Into the Coven" de Mercyful Fate, "Trashed" de Black Sabbath, y "Possessed" de Venom. Estas últimas fueron asociadas respectivamente con contenidos sexuales, ocultismo, drogas y alcohol o referencias sexuales y a la masturbación.

Pero una de las inclusiones más llamativas fue probablemente "We're Not Gonna Take It" de Twisted Sister. La canción, convertida en uno de los grandes himnos de la banda, fue incluida por sus referencias a la violencia. Su cantante, Dee Snider, acabaría teniendo un papel protagonista en la posterior batalla contra el PMRC.

Dee Sinder de Twisted Sister en su discurso frente a la censura - 1985
La polémica alcanzó Washington y terminó llegando al Senado de Estados Unidos. El 19 de septiembre de 1985, el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte celebró una audiencia dedicada al contenido de las grabaciones y a la posibilidad de utilizar etiquetas de advertencia.

La audiencia tuvo todos los ingredientes de un auténtico choque cultural. Por un lado estaban representantes del PMRC y quienes defendían una mayor información para los padres. Por otro, varios músicos acudieron para argumentar que las propuestas podían convertirse en una forma indirecta de censura.

Entre ellos estaba Frank Zappa, que se mostró especialmente crítico con la iniciativa. También declaró John Denver, que se manifestó contrario a cualquier sistema de censura, y Dee Snider, cuya apariencia de estrella del heavy metal contrastaba con la imagen que muchos miembros del comité probablemente tenían de un músico de ese género. 

Snider aprovechó su intervención para defender tanto su música como su responsabilidad como padre. También cuestionó algunas de las interpretaciones que el PMRC había hecho de sus canciones. Su aparición y su elaborado discurso se convirtió posteriormente en uno de los momentos más recordados de aquella audiencia.

Zappa, por su parte, convirtió su testimonio en una defensa mucho más amplia de la libertad de expresión y criticó duramente la propuesta de etiquetar los discos. La prensa de la época describió la audiencia como un enfrentamiento especialmente tenso entre músicos y representantes del movimiento que reclamaba un mayor control sobre las letras.

Curiosamente, la batalla legal no terminó con una ley que prohibiera aquellas canciones. El objetivo acabó siendo mucho más limitado y consistió en informar a los consumidores sobre el contenido potencialmente explícito de determinados discos.

En agosto de 1985, antes incluso de la audiencia del Senado, varias compañías discográficas habían aceptado utilizar advertencias como "Parental Guidance: Explicit Lyrics" en determinados álbumes. La industria rechazó, sin embargo, algunas de las propuestas más amplias del PMRC y dejó en manos de las propias compañías la decisión sobre qué discos debían llevar advertencias.

Con el paso de los años, aquel sistema evolucionó hasta convertirse en la conocida etiqueta "Parental Advisory – Explicit Content", que acabaría apareciendo en innumerables discos y se convertiría en una imagen inseparable de la cultura musical de finales de los años ochenta y los noventa.

El resultado en la práctica fue conseguir el efecto contrario al que se buscaba. Una iniciativa que pretendía ayudar a los padres a identificar contenidos controvertidos terminó convirtiendo la pequeña etiqueta negra y blanca en una especie de distintivo cultural. Para muchos adolescentes, el Parental Advisory no era precisamente una razón para mantenerse alejados de un disco.

La etiqueta Parental Advisory – Explicit Content

La historia de las Motor Maids, el primer gran club de mujeres moteras

En Estados Unidos, durante las décadas de 1920 y 1930, ya existían mujeres que competían, viajaban en moto e incluso participaban en pruebas de resistencia. Sin embargo, seguían siendo una pequeña minoría dentro de un mundo dominado por los hombres. Las mujeres que se atrevían a recorrer las carreteras sobre sus propias máquinas tenían que enfrentarse, con frecuencia, a los prejuicios de una sociedad que consideraba que una motocicleta no era precisamente el vehículo más apropiado para una mujer.

Fotografía de las Motor Maids, el primer club de mujeres moteras
Fue en ese contexto cuando dos aficionadas a las motocicletas tuvieron una idea que terminaría convirtiéndose en una organización histórica. Linda Dugeau y Dot Robinson, dos mujeres pioneras y apasionadas del motociclismo, crearon Motor Maids en 1940, una organización que cambiaría para siempre la imagen de las mujeres sobre dos ruedas al convertirse en el primer club de mujeres moteras de la historia. 

Más de ocho décadas después, el club continúa existiendo y se considera la organización femenina de motociclismo más antigua de Norteamérica que ha mantenido una actividad continuada. Actualmente reúne a más de un millar de mujeres en Estados Unidos y Canadá.

Mujeres moteras antes de las Motor Maids

Para comprender la importancia histórica de las Motor Maids hay que retroceder un poco más en el tiempo. Aunque no era la imagen más habitual, en los primeros compases del siglo XX ya se podían encontrar auténticas pioneras que desafiaban las normas sociales establecidas, de manera similar a como lo harían las rebeldes Flappers en los años 20.

Entre las mujeres moteras más famosas, encontramos a Avis Hotchkiss, que en 1915 realizó junto a su madre una larga travesía por Estados Unidos en motocicleta con sidecar. También destacaron mujeres como Della Crewe, quien en 1915 recorrió miles de kilómetros sola por Estados Unidos, o Effie Hotchkiss, que llegó a realizar viajes extraordinarios en una época en la que las carreteras distaban mucho de las actuales

Lo cierto es que la mayoría de los clubes, carreras y acontecimientos relacionados con las motocicletas estaban dominados por hombres. Por eso, cuando una mujer aparecía sobre una moto, con frecuencia despertaba tanta curiosidad como admiración. 

Todo ello comenzó a cambiar cuando Linda Dugeau y Dot Robinson decidieron que era el momento de crear un club de motociclismo exclusivamente para mujeres.

Linda Dugenau y Dot Robinson, las fundadoras de Motor Maids

Linda Dugeau había nacido en Cape Cod, Massachusetts, en 1913. En 1932, cuando tenía 19 años, aprendió a conducir una motocicleta Harley-Davidson gracias a quien posteriormente se convertiría en su marido, Bud. Aquella experiencia despertó una pasión que la acompañaría durante toda su vida.

Fotografía de Linda Dugenau en los años 40
Sin embargo, a la joven le resultó muy difícil encontrar a otras mujeres que compartieran su afición. En los años treinta no existían redes sociales, internet ni bases de datos donde localizar a otros motociclistas. Así que decidió utilizar la herramienta de comunicación más eficaz que tenía a su alcance: el correo postal.

Así, en 1938 comenzó a escribir a concesionarios, motociclistas, revistas especializadas y prácticamente cualquier persona que pudiera conocer a una mujer que poseyera y condujera una motocicleta. Su objetivo era crear una especie de red nacional de mujeres motociclistas. La tarea resultó mucho más difícil de lo que probablemente había imaginado. Las mujeres que conducían sus propias motos eran tan poco numerosas que localizar suficientes candidatas le estaba llevando demasiado tiempo. 

Para convertir aquella idea en una organización sólida hacía falta alguien con experiencia y prestigio dentro del mundo de las motocicletas. Esa persona era Dot Robinson.

Nacida en Australia en 1912, Robinson llegó a Estados Unidos en 1918 con su familia. Su padre, James Goulding, estaba relacionado con el negocio de los sidecares, por lo que Dot creció prácticamente rodeada de motocicletas.

Fotografía de la motera Dot Robinson - Motor Maids
Pero Robinson no se limitaba solo a conducir. Durante los años treinta comenzó a participar en pruebas de resistencia, muchas de ellas dominadas casi completamente por hombres. Los intentos de impedirle competir no consiguieron apartarla de las carreras y continuó participando durante las décadas de 1930, 1940 y 1950.

Uno de los acontecimientos que contribuyó a forjar su reputación fue el Jack Pine Enduro, una durísima prueba de resistencia celebrada en Michigan. Robinson llegó a convertirse en ganadora de la prueba en 1940, demostrando que no estaba allí simplemente como una curiosidad. Dot Robinson demostró que no solo podía competir, sino que también podía ganar.

Dugeau y Robinson unieron sus esfuerzos. La primera aportaba la organización y la red de contactos que había construido durante años, mientras que Robinson aportaba experiencia, prestigio y una enorme credibilidad dentro del mundo motociclista.

La combinación funcionó a la perfección y dio sus frutos rápidamente.

Nacen las Motor Maids

Tras varios años de trabajo, el proyecto se convirtió oficialmente en realidad en 1940.

51 mujeres formaron el grupo fundador de las Motor Maids. Dot Robinson fue nombrada primera presidenta, cargo que conservaría durante nada menos que 25 años, hasta 1965. Linda Dugeau ocupó el puesto de secretaria, mientras que otras de las primeras integrantes asumieron las funciones de vicepresidenta, tesorera y secretaria adjunta.

Al año siguiente, la organización recibió el Charter número 509 de la American Motorcycle Association (AMA), convirtiéndose en una organización femenina de alcance nacional reconocida oficialmente.

El club motero femenino de las Motor Maids en los años 40
La filosofía del club era bastante sencilla: unir a las mujeres que montaban en motocicleta, fomentar la afición por las dos ruedas y ofrecer una imagen positiva de las mujeres moteras. La organización había conseguido así algo extraordinario, en apenas un año había pasado de ser una idea de dos mujeres a convertirse en una asociación nacional.

Pero había una característica especialmente importante. Desde sus comienzos, el club estableció que sus integrantes debían ser mujeres que poseyeran y condujeran legalmente una motocicleta, aunque inicialmente también existieron algunas modalidades de afiliación para determinadas circunstancias. No era simplemente un club para aficionadas a las motos, había que conducirlas.

El club de las Motor Maids desarrolló rápidamente una identidad muy característica. En 1944, durante una reunión regional celebrada en Plainfield, Nueva Jersey, se adoptaron originalmente los colores azul real y gris plateado como una especie de "uniforme", junto con un emblema en forma de escudo, así como el uso de sus famosos guantes blancos. Esto pronto cambió y el uniforme pasó a ser pantalones grises, blusa azul real con botas blancas y corbata. 

Durante los años 40, Howard Foley propuso que las Motor Maids participaran en un desfile relacionado con la Charity Newsies Race en Columbus (Ohio). Aquellas apariciones públicas terminaron haciendo que fueran conocidas poco después como las "Ladies of the White Gloves" (Las damas de los guantes blancos).

Para hacerse una idea de la importancia histórica de las Motor Maids, cuando se fundó esta primera organización de mujeres moteras en 1940, los famosos "Ángeles del Infierno" (Hells Angels) todavía ni siquiera existían como club. El primer Hells Angels Motorcycle Club se estableció en el área de Fontana/San Bernardino, California, en 1948, ocho años después del nacimiento de las Motor Maids. 

El primer club de mujeres moteras sigue creciendo

El nacimiento de la Motor Maids coincidió con uno de los momentos más convulsos de la historia moderna. En diciembre de 1941, Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, por lo que el racionamiento de combustible y las restricciones derivadas del conflicto hicieron mucho más complicado viajar por carretera.

Pero las Motor Maids consiguieron sobrevivir a aquellos años y continuar desarrollándose. Durante los primeros años, sus integrantes siguieron encontrándose de manera informal en diferentes acontecimientos motociclistas de Estados Unidos. También fueron invitadas a participar en desfiles relacionados con carreras y acontecimientos organizados por la AMA. Su imagen resultaba fácilmente reconocible y contribuía a cambiar poco a poco la percepción sobre las mujeres motociclistas.

Reunión del club de las Motor Maids
Por otra parte, en lugar de permanecer aisladas, las integrantes comenzaron a formar una verdadera red nacional. En 1946 se creó un sistema de directoras estatales para facilitar la comunicación entre las integrantes y los responsables nacionales. Con el tiempo, ese sistema evolucionó hacia una estructura por distritos. En 1949, además, se estableció el primer distrito canadiense.

Aquello fue un momento clave en la historia del club, porque Motor Maids dejaba de ser un pequeño grupo de pioneras para convertirse en una organización con presencia en diferentes regiones que se siguió expandiendo durante las siguientes décadas.

Linda Dugeau, la fundadora oficial del club, paradójicamente, prefirió no buscar protagonismo público, permanecer en un segundo plano y dedicarse a montar en motocicleta.

En los años cincuenta se trasladó a la zona de Los Ángeles, principalmente porque quería poder conducir durante todo el año. Allí trabajó como mensajera en motocicleta y realizó numerosas rutas por el sur de California. También se ganó fama como una excelente piloto todoterreno. En aquella época muchas de las zonas montañosas que atravesaba estaban todavía poco desarrolladas, lo que hacía que sus excursiones fueran auténticas aventuras.

En uno de sus recorridos llegó a cubrir aproximadamente 3.500 millas (5.600 kilómetros) en sólo dos semanas. Durante aquel viaje visitó la fábrica de Harley-Davidson, pasó por Michigan para visitar a su madre y continuó hasta Nueva York para acudir a la Exposición Universal.

Dot Smith, Linda Dugeau y Dot Robinson - Motor Maids
Pero si Dugeau fue la organizadora y alma impulsora del proyecto, Dot Robinson se convirtió en su gran embajadora, y su perfil público fue muy diferente al de su compañera.

Durante sus años como presidenta recorrió enormes distancias para representar a Motor Maids y promocionar el motociclismo femenino. Según el Harley-Davidson Museum, llegó a recorrer hasta 50.000 millas en un solo año en sus actividades relacionadas con el club y calculaba que había acumulado más de 1,5 millones de millas sobre motocicletas a lo largo de su vida. Además, Robinson también continuó compitiendo y conduciendo durante décadas.

Su aspecto se convirtió en parte de su leyenda. Fue fotografiada en motocicletas Harley-Davidson de colores llamativos, incluyendo sus famosas motos rosas, y cuidaba tanto su imagen que llegó a ser conocida como "The First Lady of Motorcycling".

En realidad no era una simple cuestión estética. Robinson entendió que ella misma se había convertido en una especie de embajadora del motociclismo femenino, así que cada vez que aparecía públicamente sobre una motocicleta estaba demostrando que las mujeres podían ocupar un espacio que hasta entonces había sido considerado principalmente masculino.

El legado de las pioneras Motor Maids

Dot Robinson abandonó la presidencia en 1965 después de 25 años al frente del club. Fue sucedida por Dourine Hamilton, y posteriormente otras mujeres fueron ocupando el cargo. La legendaria presidenta original de las Motor Maids murió el 8 de octubre de 1999, a los 87 años. Un año antes de su muerte, en 1998, fue incluida en el AMA Motorcycle Hall of Fame, un reconocimiento a toda una vida dedicada al motociclismo.

Dot Robinson con su legendaria Harley Davidson rosa
Su eterna compañera y fundadora del club, Linda Dugeau falleció poco después, el 17 de febrero de 2000, a los 86 años. Curiosamente, las dos mujeres que habían puesto en marcha aquella aventura con una búsqueda casi artesanal de motociclistas femeninas murieron con apenas unos meses de diferencia.

Pero su organización continuó.

Más de ocho décadas después de aquella reunión de 51 mujeres, Motor Maids sigue siendo una organización activa. Actualmente, el club cuenta con más de 1.000 integrantes repartidas entre Estados Unidos y Canadá, y mantiene como objetivos la pasión por la conducción, la promoción de una imagen positiva de las mujeres motociclistas y el fomento de una conducción segura.

La organización también conserva muchas de sus tradiciones históricas. Sus integrantes continúan reuniéndose, realizando viajes y participando en acontecimientos relacionados con el motociclismo. Y, sobre todo, la motocicleta sigue siendo el elemento que define la pertenencia al grupo. En 2006, el grupo votó para cambiar el uniforme nuevamente. Entonces se cambió al que se usa actualmente. Consiste en pantalones y botas negras, camisa de manga larga de cuello alto azul con chaleco de algodón blanco, así como el uso de guantes blancos para los desfiles.

Lo que comenzó con una mujer escribiendo cartas a concesionarios para averiguar si existían otras mujeres que condujeran motocicletas se ha convertido en una comunidad que ha sobrevivido a guerras, cambios sociales, transformaciones de la industria y varias generaciones de motociclistas.

Las Motor Maids no fueron las primeras mujeres de la historia en montar en motocicleta, pero sí fueron pioneras en crear una organización femenina de ámbito nacional dedicada específicamente al motociclismo. Y quizá esa sea la parte más interesante de su historia. En una época en la que una mujer sobre una motocicleta todavía podía resultar una imagen sorprendente, aquellas 51 pioneras decidieron que no querían ser una excepción. Simplemente querían demostrar que una mujer podía ponerse un casco, arrancar su motocicleta y recorrer el mismo camino que cualquier hombre.

Reunión de las Motor Maids

Fotografía del club de las Motor Maids en la actualidad

La historia de Jack Earle, actor de cine mudo, gigante de circo y poeta

Jacob Rheuben Ehrlich, más conocido como Jack Earle, fue una de esas figuras imposibles de olvidar en la cultura popular de comienzos del siglo XX. Fue actor en los últimos años del cine mudo, una de las grandes estrellas del legendario circo Ringling Bros. and Barnum & Bailey y, durante mucho tiempo, uno de los hombres más famosos del mundo debido a su extraordinaria estatura.

Fotografía de Jack Earle, el gigantesco actor de cine mudo
Aunque los carteles promocionales aseguraban que medía 2,60 metros, su altura real rondaba los 2,29 metros, suficiente para convertirlo en una auténtica celebridad en una época en la que los gigantes despertaban una enorme fascinación.

Nacido en Denver en 1906, Earle no parecía destinado a convertirse en un gigante. Al contrario, llegó al mundo pesando menos de dos kilos, y los médicos dudaban incluso de que sobreviviera. Sin embargo, cuando tenía unos siete años comenzó a crecer de forma descontrolada debido a un tumor en la hipófisis que provocó gigantismo. 

A los diez años ya superaba los 1,80 metros y, siendo apenas un adolescente, sobrepasaba los dos metros de altura. Su aspecto llamaba tanto la atención que evitaba caminar por las calles principales de El Paso y prefería utilizar callejones para no asustar a la gente ni convertirse en el centro de todas las miradas.

Su imponente presencia terminó llevándolo a Hollywood. Con apenas trece años viajó a Los Ángeles junto a su padre y fue contratado por Century Comedies, un estudio especializado en cortometrajes cómicos. En aquellos años el cine era un espectáculo eminentemente visual y los productores buscaban constantemente rostros y físicos capaces de sorprender al público. Un adolescente que ya superaba ampliamente los dos metros de altura era un reclamo irresistible.

Jack apareció en varias producciones mudas, entre ellas "Hansel y Gretel" (1923), "Jack y las habichuelas mágicas" (1924), "Peg o' the Mounted" (1924) o "Hit 'Em Hard" (1924). En la mayoría de sus papeles interpretaba gigantes, personajes fantásticos o figuras de gran fuerza física, aprovechando una presencia escénica imposible de igualar mediante efectos especiales, que todavía estaban en sus primeras etapas de desarrollo. 

Cartel de cine con Jack Earle - Hit 'Em Hard
Nunca alcanzó la fama de las grandes estrellas de Hollywood, pero compartió plató con algunos de los actores cómicos más populares de la época y llegó a convertirse en uno de los intérpretes más reconocibles del cine fantástico de los años veinte. Para muchos espectadores era la primera vez que veían a una persona de semejante tamaño en una pantalla.

Su carrera parecía prometedora, pero terminó de forma inesperada. Durante un rodaje sufrió una grave caída desde un andamio que le provocó importantes lesiones. Poco después comenzó a perder visión y los médicos descubrieron el tumor que estaba presionando sus nervios ópticos. El tratamiento mediante rayos X consiguió devolverle parcialmente la vista y, según muchos especialistas e historiadores, también frenó el crecimiento que había marcado toda su infancia y adolescencia. Con su salud resentida y la llegada del cine sonoro, Earle decidió abandonar definitivamente Hollywood.

Sin posibilidad de continuar en el cine, Jack encontró un nuevo escenario bajo las enormes carpas del famoso circo Ringling Bros. and Barnum & Bailey Circus. Durante catorce años recorrió Estados Unidos anunciado como "The Texas Giant" (El gigante de Texas) o "The World's Tallest Man" (El hombre más alto del mundo). 

Aquellos espectáculos reunían a miles de personas deseosas de contemplar personajes extraordinarios, y Earle era una de sus principales atracciones. Los visitantes comparaban el tamaño de sus manos con las suyas, observaban sus zapatos gigantescos (fabricados especialmente para él), y se maravillaban al verlo caminar entre la multitud.

Jack Earle como gigante de circo
Como ocurría con muchos artistas de circo de la época, la publicidad exageraba algunos aspectos de su figura. Durante años fue anunciado con una altura de 2,60 metros, aunque posteriormente una medición oficial realizada en 1939 fijó su estatura en unos 2,29 metros. Aun así, seguía siendo una de las personas más altas del mundo. Debido a su enorme estatura, su vida cotidiana no era sencilla. Necesitaba camas construidas expresamente para él, la ropa debía confeccionarse a medida y viajar en automóvil o atravesar una puerta convencional suponía a menudo un pequeño desafío.

Paradójicamente, quienes lo conocieron describían a Jack Earle como una persona tranquila, educada y bastante tímida. Le molestaba que la gente solo viera su altura y no a la persona que había detrás del espectáculo. Esa personalidad cercana hizo que fuera muy querido entre sus compañeros de circo, donde coincidió con algunos de los gigantes más famosos de la época e incluso llegó a conocer a Robert Wadlow, el hombre más alto de la historia.

Durante la Segunda Guerra Mundial intentó alistarse en el ejército estadounidense, pero fue rechazado precisamente por su extraordinaria estatura, que hacía imposible equiparlo con el uniforme y el material reglamentarios. Curiosamente, otro célebre gigante de la época, el alemán Jakob Nacken, sí consiguió servir durante el conflicto a pesar de medir cerca de 2,21 metros de altura. En cualquier caso, aquel episodio demuestra hasta qué punto su físico condicionó todos los aspectos de su vida, incluso aquellos que nada tenían que ver con el mundo del espectáculo.

Cansado de la vida itinerante, abandonó el circo a comienzos de los años 40 y comenzó una etapa completamente distinta. Trabajó para la compañía Roma Wine como vendedor y relaciones públicas, promocionándose con humor como "el vendedor viajero más alto del mundo". Sin embargo, lejos de los focos, Jack Earle cultivó una faceta que muy pocos conocían. 

Fotografía del gigante Jack Earle
Era un apasionado de la literatura y dedicaba buena parte de su tiempo libre a escribir poesía. También pintaba, realizaba esculturas y practicaba la fotografía, disciplinas en las que encontraba una forma de expresarse muy diferente a la imagen pública que lo había acompañado durante toda su vida. Quienes trataron con él coincidían en describirlo como un hombre culto, reflexivo y de gran sensibilidad, muy alejado del estereotipo del "gigante de feria" que el público imaginaba.

Su interés por la escritura terminó cristalizando en un pequeño libro de poemas titulado "The Long Shadows", publicado poco antes de su fallecimiento. Sus versos no giraban únicamente en torno a su extraordinaria estatura, sino que abordaban temas como la naturaleza, el paso del tiempo, la soledad o la condición humana. Más que un simple pasatiempo, la poesía fue para Earle una manera de reivindicar que detrás de aquella figura gigantesca existía una persona con inquietudes artísticas y una rica vida interior. 

Una curiosidad poco conocida es que, aunque durante muchos años fue considerado el actor más alto de Hollywood, ese título acabaría pasando a Max Palmer, luchador profesional y actor que alcanzó aproximadamente 2,49 metros y apareció en varias películas entre las décadas de 1950 y 1970. Palmer sigue siendo considerado el actor más alto de la historia del cine, mientras que el récord absoluto de altura entre actores profesionales pertenece en la actualidad al marroquí Brahim Takioullah, con 2,46 metros de altura.

Jack Earle falleció en 1952 con solo 46 años, pero dejó tras de sí una historia fascinante que resume una época en la que el cine mudo, los circos y los espectáculos ambulantes convertían lo extraordinario en un fenómeno de masas. Detrás del "Gigante de Texas" había un hombre sensible, creativo y con un gran sentido del humor que siempre quiso demostrar que era mucho más que unos cuantos centímetros de altura. 

Quizá por eso sigue siendo recordado hoy en día, no solo como uno de los gigantes más famosos del siglo XX, sino también como un personaje singular que logró abrirse camino en mundos tan diferentes como Hollywood, el circo y la literatura.

Comparativa altura Jack Earle

Fotografía de Jack Earle, el actor de cine mudo más alto de la historia