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Sod houses, las casas de césped y tierra de los colonos del Oeste norteamericano

Las llamadas sod houses (literalmente "casa de césped"), también conocidas como soddies, fueron viviendas construidas con bloques de tierra y césped compactado que se popularizaron en las Grandes Llanuras de Estados Unidos y Canadá durante el siglo XIX. Aunque hoy suelen verse como una curiosidad histórica, estas construcciones representaron una auténtica solución de supervivencia para miles de colonos que se establecieron en territorios prácticamente desprovistos de madera.

Sod House en Dakota del Norte
El auge de las sod houses estuvo directamente relacionado con la expansión hacia el oeste impulsada por la Ley de Asentamientos Rurales de 1862 (Homestead Act); una ley que permitía a todo tipo de ciudadanos (incluidos mujeres, inmigrantes y afroamericanos) obtener parcelas de tierras públicas si aceptaban establecerse en ellas y cultivarlas durante al menos cinco años.

Miles de familias emigraron entonces hacia regiones como Nebraska, Kansas, Oklahoma, Colorado, Texas o las Dakotas. Sin embargo, al llegar se encontraron con una realidad muy distinta a la que muchos imaginaban. Las Grandes Llanuras eran enormes extensiones de pradera donde apenas había árboles.

La ausencia de bosques suponía, obviamente, un problema enorme para establecerse. La madera era el principal material de construcción de la época, pero transportarla hasta aquellas regiones resultaba costoso y complicado. Tampoco abundaba la piedra, y fabricar ladrillos requería instalaciones y recursos inaccesibles para la mayoría de los pioneros recién llegados.

Ante esta situación, muchos colonos comenzaron a utilizar los únicos recursos disponibles en abundancia: la tierra y el césped.

Durante décadas, las sod houses formaron parte inseparable de la imagen del Oeste americano. Numerosas fotografías antiguas nos muestran familias enteras posando frente a pequeñas viviendas semienterradas en mitad de la pradera, rodeadas de un paisaje inmenso y casi vacío. Aquellas casas, levantadas literalmente con la tierra del lugar, se convirtieron en un símbolo de la dureza de la vida fronteriza y la capacidad humana para adaptarse a condiciones extremas.

Construcción y vida en una sod house 

La clave de estas viviendas estaba en las características naturales de las praderas norteamericanas. La capa superficial del terreno estaba formada por hierba y una densa red de raíces entrelazadas que mantenían el suelo unido de forma muy compacta. Los colonos cortaban grandes tiras de césped mediante arados especiales tirados por caballos o bueyes. Después dividían esas tiras en bloques rectangulares que funcionaban como ladrillos naturales.

La hierba más apreciada era la llamada buffalo grass, cuyas raíces creaban una estructura especialmente resistente. Los bloques se colocaban unos sobre otros formando paredes gruesas y muy pesadas, que a menudo alcanzaban más de medio metro de espesor.

Construyendo una Sod House en la actualidad
Construir un techo para estas viviendas solía ser la parte más problemática. Debido a la escasez de madera, muchas familias improvisaban estructuras utilizando ramas, pequeños troncos, arbustos o materiales reciclados de carros y cajas. Encima colocaban tierra y más capas de césped.

Las ventanas eran pequeñas para conservar mejor la temperatura interior, y en ocasiones ni siquiera tenían cristal. Algunas familias utilizaban telas enceradas, papel aceitado u otros materiales translúcidos improvisados.

Aunque desde fuera estas viviendas podían parecer extremadamente primitivas, muchas estaban construidas con bastante ingenio y podían mantenerse habitables durante años. Una casa bien construida podía ser una vivienda sorprendentemente eficiente, y a pesar de su apariencia humilde, las sod houses poseían ciertas ventajas notables.

Las gruesas paredes de tierra actuaban como un excelente aislante térmico natural. Durante los veranos de las Grandes Llanuras, donde las temperaturas podían ser abrasadoras, el interior permanecía relativamente fresco. En invierno, la masa térmica de la tierra ayudaba a conservar el calor generado por estufas y chimeneas.

Además, estas viviendas resistían bastante bien los fuertes vientos de la pradera. En una región azotada frecuentemente por tormentas y tornados, las estructuras pesadas y parcialmente integradas en el terreno ofrecían cierta estabilidad.

Visto desde una perspectiva moderna, muchos historiadores y arquitectos consideran las sod houses un ejemplo temprano de construcción bioclimática y de aprovechamiento de materiales locales.

El interior de una Sod House en el siglo XIX
Por otra parte, las duras condiciones de vida hacían que vivir en una sod house estaba lejos de ser cómodo.

Entre los principales problemas se encontraba la humedad. Durante las lluvias, el agua podía filtrarse fácilmente por el techo y las paredes, de manera que el barro se convertía en parte habitual de la vida cotidiana y algunas estructuras llegaban a deteriorarse gravemente tras periodos prolongados de mal tiempo. El humo también suponía un problema frecuente. Las viviendas solían tener poca ventilación y las estufas llenaban fácilmente el interior de humo durante el invierno.

A ello se le sumaba otro inconveniente importante, como era la presencia casi constante de insectos y pequeños animales. Ratones, escarabajos, arañas e incluso serpientes podían entrar con facilidad a través de grietas o huecos entre los bloques de tierra. 

Muchos testimonios históricos describen además cómo pequeñas partículas de tierra caían continuamente desde el techo. Para reducir el problema, algunas familias cubrían las paredes interiores con telas, periódicos o capas de yeso improvisado.

Pese a todas estas dificultades, para miles de colonos aquellas viviendas representaban la única posibilidad real de establecerse y sobrevivir.

Las sod houses como símbolo de la conquista del Oeste

Con el tiempo, estas pequeñas casas hechas de manera artesanal con tierra y césped se convirtieron en uno de los símbolos más característicos del Oeste americano que quedaron reflejadas en diversas fotografías históricas de finales del siglo XIX.

La vida en aquellas condiciones era realmente dura, y muchas de estas familias sufrían aislamiento, pobreza y una vida de trabajo constante. Las Grandes Llanuras (Great Plains) podían ser un entorno implacable, marcado por tormentas violentas, inviernos muy fríos, veranos abrasadores, sequías prolongadas y plagas de langostas. Aun así, las sod houses permitieron poblar regiones que de otro modo habrían resultado mucho más difíciles de colonizar.

En numerosos casos estas viviendas se consideraban soluciones temporales hasta reunir dinero suficiente para construir casas de madera, pero algunas familias llegaron a vivir en ellas durante décadas.

Familia de pioneros posando delante de su casa de césped

Casas similares a las sod houses fuera de Estados Unidos

Aunque las sod houses suelen asociarse principalmente con el Oeste estadounidense, este tipo de construcción apareció también en otras regiones donde la madera era escasa y el clima especialmente duro.

En Canadá, por ejemplo, miles de colonos establecidos en Saskatchewan, Manitoba y Alberta levantaron viviendas muy similares utilizando bloques de tierra y césped. Las praderas canadienses presentaban condiciones casi idénticas a las de las Grandes Llanuras de Estados Unidos, con enormes extensiones abiertas, fuertes vientos, inviernos extremos y muy pocos árboles.

Sin embargo, uno de los paralelismos más interesantes se encuentra mucho más lejos, en Islandia.

Las tradicionales turf houses islandesas (casas construidas con césped y turba) constituyen uno de los ejemplos más famosos de arquitectura basada en tierra vegetal. Aunque su origen es mucho más antiguo que el de las sod houses americanas, ya que se remontan a la época de los vikingos, ambas compartían una misma lógica: utilizar el suelo como material de construcción y aprovechar sus excelentes propiedades térmicas.

Clásica Turf House de Islandia
Islandia sufría históricamente una grave escasez de madera, ya que la isla había perdido gran parte de sus bosques siglos atrás, por lo que los habitantes tuvieron que desarrollar métodos alternativos para construir viviendas capaces de soportar un clima extremadamente frío y ventoso.

Las turf houses de Islandia evolucionaron durante siglos hasta convertirse en construcciones sorprendentemente sofisticadas. A diferencia de muchas sod houses norteamericanas, que solían ser relativamente simples y temporales, las viviendas islandesas podían formar auténticos complejos domésticos permanentes.

Estas casas combinaban estructuras internas de madera con gruesas capas de turba y césped. Muchas estaban parcialmente enterradas o integradas en las laderas del terreno para protegerse mejor del viento y conservar el calor. Desde el exterior, algunas parecían casi pequeñas colinas cubiertas de hierba.

El parecido visual entre las sod houses americanas y las turf houses islandesas resulta evidente, aunque existían diferencias importantes. Las viviendas de los pioneros norteamericanos nacieron sobre todo como una solución rápida y económica ligada a la colonización de las praderas, mientras que en Islandia este tipo de arquitectura evolucionó lentamente a lo largo de siglos y llegó a convertirse en una auténtica tradición nacional.

El declive y el legado histórico

A comienzos del siglo XX, las sod houses empezaron a desaparecer gradualmente. Esto se debió, en gran parte, a la expansión del ferrocarril, que facilitó el transporte de madera, ladrillos y otros materiales de construcción más duraderos. Poco a poco, las viviendas tradicionales de tierra fueron sustituidas por casas convencionales de madera, consideradas más cómodas, modernas y prestigiosas.

Al mismo tiempo, muchas familias pioneras mejoraron progresivamente su situación económica. Las primeras generaciones de colonos habían construido sod houses por pura necesidad, pero cuando lograban estabilizar sus granjas o negocios intentaban abandonar aquellas viviendas temporales y construir hogares más sólidos.

Las propias características de las sod houses también contribuyeron a su desaparición. Aunque podían resultar sorprendentemente resistentes, requerían mantenimiento constante. La humedad deterioraba lentamente las paredes y los techos, especialmente durante periodos prolongados de lluvia o nieve. Las filtraciones, el desgaste del césped y los daños provocados por insectos y animales acababan debilitando muchas estructuras.

Típica familia de colonos junto a una Sod House
En algunos casos, las viviendas fueron abandonadas y absorbidas poco a poco por la propia pradera. Con el paso de los años, muchas terminaron derrumbándose hasta casi desaparecer en el paisaje, como si regresaran lentamente a la tierra de la que habían surgido.

A pesar de ello, las sod houses dejaron una huella muy profunda en la memoria cultural de Estados Unidos y Canadá. Durante el siglo XX comenzaron a ser vistas no solo como construcciones pobres y primitivas, sino como símbolos de resistencia, adaptación y supervivencia. Representaban el sacrificio de miles de familias pioneras que soportaron condiciones extremadamente duras para establecerse en territorios aislados y difíciles.

Las imágenes de estas casas de tierra se convirtieron así en parte fundamental del imaginario del Oeste americano. Fotografías históricas, relatos autobiográficos y novelas ayudaron a consolidar esa visión.

Entre las obras más influyentes en este sentido destacan "Little House on the Prairie" (La casa de la pradera" y "On the Banks of Plum Creek" (A orillas del rio plum) de Laura Ingalls Wilder, donde la autora describía las dificultades cotidianas de la vida fronteriza. Gracias a este tipo de relatos, las sod houses pasaron a ocupar un lugar muy importante en la histórica de la expansión hacia el oeste.

Por otra parte, Hollywood y los documentales históricos también contribuyeron a popularizar su imagen. En muchas películas ambientadas en las Grandes Llanuras aparecen estas viviendas semienterradas y cubiertas de hierba como representación visual inmediata de la vida de los colonos estadounidenses.

En las últimas décadas, el interés por las sod houses ha crecido también desde el punto de vista arquitectónico y medioambiental. Muchos investigadores consideran que estas construcciones fueron ejemplos tempranos de arquitectura bioclimática, ya que utilizaban materiales locales, requerían pocos recursos externos y aprovechaban las propiedades aislantes naturales de la tierra.

En la actualidad, varias sod houses originales han sido restauradas y conservadas como patrimonio histórico. Museos y parques históricos en estados como Nebraska, Oklahoma o Dakota del Sur permiten visitar reconstrucciones y ejemplos auténticos de estas viviendas. Entre ellos, quizás el mejor ejemplo sea el Sod House Museum de Oklahoma, instalado en una vivienda original construida a finales del siglo XIX.

Más allá de su aspecto humilde y precario, estas viviendas representan una de las formas más claras de arquitectura nacida de la necesidad. Su historia muestra hasta qué punto los seres humanos son capaces de transformar incluso la propia tierra bajo sus pies en un refugio, un hogar o utilizar casi cualquier herramienta o material a su disposición para la supervivencia.

Fotografía de una familia frente a su Sod house en el siglo XIX

La Guerra de los Huesos en el Salvaje Oeste

A finales del siglo XIX, en el todavía "Salvaje Oeste" americano, se producía una gran búsqueda muy diferente a las que habían realizado los buscadores de oro durante las sucesivas fiebres del oro (la más destacada de ellas, la Fiebre del Oro de Californa, entre 1848 y 1855). Se comenzaron a descubrir en esa parte Estados Unidos, restos fósiles de especies aún desconocidas. Esto desencadenó la denominada "Gran Fiebre del dinosaurio" (Great Dinosaur Rush) cuyos máximos protagonistas fueron Edward Drinker Cope y Othniel Charles Marsh.

Guerra de los huesos - Cope y MarshEstos dos paleontólogos, se trasladaron ante las noticias al oeste americano en busca de huesos, entrando en una disputa personal entre ambos en la que usaron todo tipo de artes y maniobras para desprestigiarse mutuamente. Se la conoció como la Guerra de los Huesos por este motivo y aunque tanto Cope como Marsh quedaron arruinados y con una reputación social muy mermada, su contribución a la paleontología y a la ciencia es indiscutible.

Gracias a ambos, entre 1877 y 1892, descubrieron y se pudieron catalogar cerca de 140 nuevas especies de dinosaurios.

Edward Drinker Cope se crió en el seno de una rica e influyente familia de Filadelfia. Tras estudiar en la Universidad de Pensilvania, fue profesor de ciencias naturales en el Colegio Haveford y acabó sus días como profesor de geología y paleontología por la Universidad de Pensilvania. Othniel Charles Marsh procedía de una familia humilde de LockPort (Nueva York). Se formó en la Universidad de Yale y gracias a su tío, un conocido filántropo al que convenció para que fundara el Museo de Historia Natural de Yale, fue nombrado director del Museo.

Excavación en busca de fósiles de dinosaurios en el oeste de EEUUCon orígenes distintos, su pasión por la paleontología los unía y durante un tiempo fueron amigos, colaborando juntos en las investigaciones. Sin embargo esta colaboración mutua no duró mucho y en una de las primeras expediciones que realizaron a unos pozos de Nueva Jersey comenzaron a acusarse de errores en la reconstrucción de los huesos encontrados y de sobornar a los operarios de los pozos.

A principios de 1870 su rivalidad se acentuaría cuando comenzaron a llegar noticias de grandes descubrimientos fósiles en el oeste de Estados Unidos, dando comienzo propiamente a la denominada "Guerra de los Huesos" (Bones War).

Cope entró a trabajar en el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) a las órdenes de Ferdinand Vandeveer Hayden, un reputado geólogo estadounidense. Se trasladó a Wyoming a hacer prospecciones y rápidamente entró en disputas también con Joseph Leidy, un paleontólogo que trabajaba para Hayden en la misma zona.

Agathaumas sylvestrisA pesar de ello, Cope estaba decidido a seguir con sus investigaciones y siguió la pista de unos huesos que habían sido descubiertos por Fielding Bradford Meeken en una zona conocida como Black Butte, en el suroeste de Wyoming. Allí, en 1872, Cope halló los restos fósiles de un animal que denominó Agathaumas sylvestris (maravilloso morador de los bosques). Hasta ese momento, el mayor animal terrestre que se había descubierto.

Mientras en 1872 los descubrimientos de nuevas especies continuaban, se produjo otro enfrentamiento entre Cope y Marsh que terminó por finiquitar las posibilidades de reconciliación entre ambos. Cope ya no contaba con el respaldo del USGS ni de Hayden y tuvo que contratar un equipo de su trabajo pagándolo él mismo. Poco después descubrió que dos de sus hombres trabajan también para Marsh. Uno de ellos envió parte de los fósiles a Cope por error, cuando éste los recibió se los envió de nuevo a Marsh, sin embargo el incidente tensó aún más la relación.

Se estaban descubriendo una gran cantidad de nuevas especies por lo que por falta de tiempo y para que se les otorgara el descubrimiento rápidamente, los paleontólogos enviaban telegramas donde describían de manera breve sus hallazgos para posteriormente desarrollar y completar sus investigaciones. Varias las especies encontradas eran las mismas, sin embargo, en muchos casos la nomenclatura y clasificación que les otorgó Marsh fue la que se consideró correcta, quedando Cope humillado por su rival.

Marsh con el jefe indio Nube RojaEn 1873, Marsh realizó la que sería su última expedición de campo, a partir de entonces contrataría recolectores locales para que le enviasen a él los huesos para estudiarlos. Se trataba de un viaje patrocinado por Yale al que fue acompañado de un grupo de estudiantes (que se tuvieron que costear el viaje por si mismos) y un grupo de soldados para hacer una demostración de fuerza por parte del Gobierno estadounidense frente a la tribu de los Sioux, presentes en la zona.

Marsh se intentó ganar el favor del jefe de la tribu de los Sioux "Nube Roja", prometiéndole dinero a cambio de los fósiles encontrados y de interceder en Washington a favor de los indios y del trato que recibían. Marsh acabó huyendo en un tren con vagones llenos de fósiles cuando era atacado por la tribu Lakota (parte de los Sioux). Al llegar a Washington cumplió su promesa e intercedió ante el Departamento de Estado en nombre de "Nube Roja".

Cope por su parte dejó de trabajar oficialmente para Hayden y recolectó huesos por su cuenta durante esos años. En 1875 ambos paleontólogos habían acumulado tal cantidad de nuevos fósiles que decidieron detener sus búsquedas para poder investigar y clasificar sus hallazgos. El "descanso" no duraría mucho ante las noticias de nuevos descubrimientos en el oeste.

Expedición de MarshEn 1877, el profesor Arthur Lakes se encontraba haciendo senderismo en unas montañas situadas cerca del pueblo de Morrison (Colorado), cuando descubrió un grupo de enormes huesos. Lakes envió una carta y una muestra de los huesos a Marsh, informándole del descubrimiento. Sin embargo, ante la tardanza de Marsh en contestar, envió también otra a carta a Cope junto con otra remesa de huesos.

Finalmente Marsh contestó a Lakes indicándole que guardara el secreto del descubrimiento y pagándole por sus servicios, envió también a uno de sus hombres de confianza para asegurarse de que Lakes trabajara para él. Marsh acabó publicando el hallazgo en el "American Journal of Science", mientras Lakes escribía una carta a Cope informándole de que los nuevos huesos serían para Marsh. Cope, agraviado de nuevo, no llegó tampoco a publicar su interpretación sobre los huesos que había recibido de Lakes.

Cope se resarciría poco después. La siguiente carta procedente del oeste con nuevos descubrimientos iba dirigida exclusivamente a Cope. El naturalista O. W. Lucas, descubrió un grupo de fósiles en Cañon City (Colorado) mientras estaba recolectando plantas. Tras recibir las muestras, Cope aseguró que se trataba de herbívoros muy grandes, los mayores fósiles que se habían descubierto hasta entonces. Cuando se enteró del hallazgo Marsh, intentó abrir una nueva cantera cerca de Cañon City, sin embargo Lucas se mantuvo fiel a Cope trabajando para él, y Marsh abandonó la idea.

Excavación de dinosaurios en Como BluffPor esas fechas, la cantera que Marsh tenía en Morrison para extraer huesos colapsó y a punto estuvo de matar en el derrumbe a los trabajadores. Cuando parecía que Marsh estaba cerca de quedarse fuera en la carrera por hallar los mejores fósiles, le llegó una carta informando de nuevos restos fósiles que se estaban extrayendo en Como Bluff (Wyoming).

Dos trabajadores de la Union Pacific Railroad que se identificaron como Harlow y Edwards (sus nombres reales eran Carlin y Reed), afirmaban haber descubierto un buen número de fósiles en Como Bluff mientras se construía la línea del ferrocarril en la zona. Marsh envió rápidamente al lugar a Williston, uno de sus estudiantes, quien le confirmó que la historia era cierta y que varios hombres de Cope se hallaban ya por el lugar. Marsh envió dinero a los dos hombres para que trabajaran para él y le enviaran los nuevos descubrimientos, poco después los contrató con un sueldo fijo. Carlin y Reed enviaron numerosos fósiles a Marsh durante todo 1877 y a finales de año, Marsh publicaba un artículo en la revista American Journal of Science, donde describía y descubría al mundo algunos de los dinosaurios más conocidos hoy en día como el Diplodocus, el Stegosaurus o el Allosaurus.

Los rumores sobre los descubrimientos en Como Bluff rápidamente se extendieron a pesar de los intentos de Marsh por mantenerlos en secreto, llegando hasta oídos de Cope, quien contrató ladrones de fósiles para robar algunos de los huesos que extraía Marsh. Carlin, descontentó con Marsh, empezó a trabajar para Cope en enero de 1878, Reed por su parte siguió trabajando para Marsh.

Placa en Como Bluff recordando la Gran fiebre del dinosaurioEstas excavaciones paleontológicas en Como Bluff duraron varios años, hasta principios de la década de 1890. Durante ese tiempo, Cope y Marsh financiaban de su propio bolsillo las excavaciones, recolectando fósiles durante el verano que luego estudiaban y clasificaban en invierno. Toneladas de fósiles fueron enviados en trenes hacia el este.

Aunque se seguían descubriendo una gran cantidad de fósiles, a medida que avanzaba la década de 1880, las duras condiciones de trabajo y los continuos sabotajes entre los grupos de trabajo de Cope y Marsh afectó en gran medida a sus trabajadores que empezaban a estar hartos de la situación (en una ocasión llegaron incluso a pelearse a pedradas entre ambos equipos rivales).

Lakes, enviado por Marsh a Como Bluff, dimitió al poco tiempo por sus constantes roces con Reed. Un hombre llamado Kennedy, que iba a ser el sustituto de Lakes, fue contratado por Marsh pero la situación no mejoró y varios de los hombres de Marsh acabaron abandonando. Por si fuera poco, a esta Fiebre del dinosaurio se sumaron más interesados como el ingeniero y profesor Alexander Agassiz. Carlin y Frank Williston (hermano de uno de los hombres de confianza de Marsh), fundaron su propia empresa, vendiendo los huesos fósiles al mejor postor. Reed acabó abandonando a Marsh en 1884.

Edward Drinker Cope junto a uno de sus fósiles halladosA Cope no le iba mucho mejor, ya que cada día encontraban menos huesos nuevos y también varios de sus hombres decidieron marcharse. A pesar de las dificultades por las que estaba pasando Marsh, tenía todavía más canteras en funcionamiento que Cope. Ambos eran muy protectores con sus yacimientos y cuando cerraban alguna de las canteras, destruían los restos fósiles pequeños o dañados para que no cayeran en manos de su rival.

Antes de acabar la década de 1880 la denominada "Guerra de los Huesos" entre Cope y Marsh dejó de atraer la atención de los medios de comunicación, el "Salvaje Oeste" ya no interesaba al público. Gracias a sus contactos, Marsh consiguió un puesto en el Servicio Geológico de Estados Unidos que le permitía seguir trabajando en su pasión, alejado del foco mediático. Cope por su parte estaba casi arruinado e invirtió en prospecciones de oro y plata en el oeste para buscar fósiles él mismo. Finalmente entró en la Universidad de Pensilvania como profesor.

El estudio de Edward Drinker Cope en 1897La rivalidad entre ambos científicos llegó casi hasta sus últimos días. Durante años, Cope había mantenido un diario donde iba recopilando los errores cometidos por Marsh, y a través de un periodista de Nueva York denominado William Hosea Ballou, publicó varios artículos en la prensa atacando a Marsh. Si bien la comunidad científica y el público en general conocían la rivalidad de Marsh y Cope, estos artículos fueron un duro golpe para su imagen, la conducta de ambos científicos se calificó de vergonzosa.

Cope acusó a Marsh a través de Ballou en un artículo publicado en el New York Herald, de plagio y de malversar los fondos públicos del Servicio Geológico. Sin embargo la jugada no le salió bien a Cope, ya que otros periódicos como The Philadelphia Inquirer pidieron a la Universidad de Pensilvania que despidiera a Cope si no presentaba pruebas que demostraran la acusación. La historia no llegó a más y no llegó a celebrarse ningún juicio para investigar la supuesta malversación.

Aunque el prestigio de los dos científicos había quedado muy dañado tras tantos años de hostilidades, ambos fueron también reconocidos por su labor. A principios de 1890, Cope fue nombrado profesor de zoología y elegido presidente de la American Association for the Advancement of Science. Marsh recuperó parte de su prestigio a finales de la década, cuando consiguió la Medalla Cuvier, uno de los galardones paleontológicos más importantes que existen.

Última imagen de Cope en 1897Con ambos paleontólogos ya prácticamente arruinados, su rivalidad duró hasta la muerte de Cope en 1897. En sus últimos años de vida, Cope estaba sufriendo una enfermedad y tuvo que vender parte de su colección de fósiles para poder subsistir. Marsh acabó hipotecando su casa, sobreviviendo gracias al sueldo que recibía de la Universidad de Yale. Se cree que Marsh se gastó más de 200.000 dólares (de la época) en su búsqueda de fósiles.

Poco antes de morir, Cope lanzó su último desafío a Marsh. Donó su cráneo a la ciencia para que midieran su cerebro, esperando que fuera mayor que el de su rival (lo que por aquella época se consideraba un síntoma de mayor inteligencia). Marsh sin embargo no aceptó el desafío, falleciendo poco después, en 1899.

La Guerra de los huesos entre Mars y Cope dejó un legado de un valor científico incalculable. A Marsh se le otorga el descubrimiento de 80 nuevas especies de dinosaurios, mientras a Cope de "únicamente" 56 especies. Entre ellas, se encuentran varios de los dinosaurios más conocidos como el Triceratops, Stegosaurus, Allosaurus, Diplodocus, Camarasaurus o el Apatosaurus (conocido como Brontosaurus hasta 1974). La teoría de Marsh de que los pájaros descienden de los dinosaurios también parece haberse confirmado con el tiempo.

Stegosaurus reconstruido por Marsh y publicado en American Journal of ScienceSin embargo no todo fue positivo, la reputación de la paleontología en Estados Unidos quedó muy dañada por esta rivalidad y por ciertas prácticas como el uso de dinamita para abrir las canteras y poder desenterrar los huesos más rápidamente.

En su intento por superar a su rival, los dos científicos reconstruyeron algunas especies de forma errónea, lo que llevó a algunas confusiones que tuvieron que ser corregidas durante las décadas posteriores.

En todo caso, la Gran Fiebre del dinosaurio sirvió sin duda para atraer la atención del gran público al mundo de los dinosaurios. Se llenaron portadas de periódicos, artículos de revistas, se abrieron nuevos museos por todo el mundo y aún hoy, nos seguimos sorprendiendo con cada descubrimiento que se produce de algunos de los animales más grandes que han existido en la Tierra.

La guerra de los huesos en el salvaje oeste- Cope y Marsh

Guerra por los fósiles de dinosaurios entre Cope y Marsh