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Sod houses, las casas de césped y tierra de los colonos del Oeste norteamericano

Las llamadas sod houses (literalmente "casa de césped"), también conocidas como soddies, fueron viviendas construidas con bloques de tierra y césped compactado que se popularizaron en las Grandes Llanuras de Estados Unidos y Canadá durante el siglo XIX. Aunque hoy suelen verse como una curiosidad histórica, estas construcciones representaron una auténtica solución de supervivencia para miles de colonos que se establecieron en territorios prácticamente desprovistos de madera.

Sod House en Dakota del Norte
El auge de las sod houses estuvo directamente relacionado con la expansión hacia el oeste impulsada por la Ley de Asentamientos Rurales de 1862 (Homestead Act); una ley que permitía a todo tipo de ciudadanos (incluidos mujeres, inmigrantes y afroamericanos) obtener parcelas de tierras públicas si aceptaban establecerse en ellas y cultivarlas durante al menos cinco años.

Miles de familias emigraron entonces hacia regiones como Nebraska, Kansas, Oklahoma, Colorado, Texas o las Dakotas. Sin embargo, al llegar se encontraron con una realidad muy distinta a la que muchos imaginaban. Las Grandes Llanuras eran enormes extensiones de pradera donde apenas había árboles.

La ausencia de bosques suponía, obviamente, un problema enorme para establecerse. La madera era el principal material de construcción de la época, pero transportarla hasta aquellas regiones resultaba costoso y complicado. Tampoco abundaba la piedra, y fabricar ladrillos requería instalaciones y recursos inaccesibles para la mayoría de los pioneros recién llegados.

Ante esta situación, muchos colonos comenzaron a utilizar los únicos recursos disponibles en abundancia: la tierra y el césped.

Durante décadas, las sod houses formaron parte inseparable de la imagen del Oeste americano. Numerosas fotografías antiguas nos muestran familias enteras posando frente a pequeñas viviendas semienterradas en mitad de la pradera, rodeadas de un paisaje inmenso y casi vacío. Aquellas casas, levantadas literalmente con la tierra del lugar, se convirtieron en un símbolo de la dureza de la vida fronteriza y la capacidad humana para adaptarse a condiciones extremas.

Construcción y vida en una sod house 

La clave de estas viviendas estaba en las características naturales de las praderas norteamericanas. La capa superficial del terreno estaba formada por hierba y una densa red de raíces entrelazadas que mantenían el suelo unido de forma muy compacta. Los colonos cortaban grandes tiras de césped mediante arados especiales tirados por caballos o bueyes. Después dividían esas tiras en bloques rectangulares que funcionaban como ladrillos naturales.

La hierba más apreciada era la llamada buffalo grass, cuyas raíces creaban una estructura especialmente resistente. Los bloques se colocaban unos sobre otros formando paredes gruesas y muy pesadas, que a menudo alcanzaban más de medio metro de espesor.

Construyendo una Sod House en la actualidad
Construir un techo para estas viviendas solía ser la parte más problemática. Debido a la escasez de madera, muchas familias improvisaban estructuras utilizando ramas, pequeños troncos, arbustos o materiales reciclados de carros y cajas. Encima colocaban tierra y más capas de césped.

Las ventanas eran pequeñas para conservar mejor la temperatura interior, y en ocasiones ni siquiera tenían cristal. Algunas familias utilizaban telas enceradas, papel aceitado u otros materiales translúcidos improvisados.

Aunque desde fuera estas viviendas podían parecer extremadamente primitivas, muchas estaban construidas con bastante ingenio y podían mantenerse habitables durante años. Una casa bien construida podía ser una vivienda sorprendentemente eficiente, y a pesar de su apariencia humilde, las sod houses poseían ciertas ventajas notables.

Las gruesas paredes de tierra actuaban como un excelente aislante térmico natural. Durante los veranos de las Grandes Llanuras, donde las temperaturas podían ser abrasadoras, el interior permanecía relativamente fresco. En invierno, la masa térmica de la tierra ayudaba a conservar el calor generado por estufas y chimeneas.

Además, estas viviendas resistían bastante bien los fuertes vientos de la pradera. En una región azotada frecuentemente por tormentas y tornados, las estructuras pesadas y parcialmente integradas en el terreno ofrecían cierta estabilidad.

Visto desde una perspectiva moderna, muchos historiadores y arquitectos consideran las sod houses un ejemplo temprano de construcción bioclimática y de aprovechamiento de materiales locales.

El interior de una Sod House en el siglo XIX
Por otra parte, las duras condiciones de vida hacían que vivir en una sod house estaba lejos de ser cómodo.

Entre los principales problemas se encontraba la humedad. Durante las lluvias, el agua podía filtrarse fácilmente por el techo y las paredes, de manera que el barro se convertía en parte habitual de la vida cotidiana y algunas estructuras llegaban a deteriorarse gravemente tras periodos prolongados de mal tiempo. El humo también suponía un problema frecuente. Las viviendas solían tener poca ventilación y las estufas llenaban fácilmente el interior de humo durante el invierno.

A ello se le sumaba otro inconveniente importante, como era la presencia casi constante de insectos y pequeños animales. Ratones, escarabajos, arañas e incluso serpientes podían entrar con facilidad a través de grietas o huecos entre los bloques de tierra. 

Muchos testimonios históricos describen además cómo pequeñas partículas de tierra caían continuamente desde el techo. Para reducir el problema, algunas familias cubrían las paredes interiores con telas, periódicos o capas de yeso improvisado.

Pese a todas estas dificultades, para miles de colonos aquellas viviendas representaban la única posibilidad real de establecerse y sobrevivir.

Las sod houses como símbolo de la conquista del Oeste

Con el tiempo, estas pequeñas casas hechas de manera artesanal con tierra y césped se convirtieron en uno de los símbolos más característicos del Oeste americano que quedaron reflejadas en diversas fotografías históricas de finales del siglo XIX.

La vida en aquellas condiciones era realmente dura, y muchas de estas familias sufrían aislamiento, pobreza y una vida de trabajo constante. Las Grandes Llanuras (Great Plains) podían ser un entorno implacable, marcado por tormentas violentas, inviernos muy fríos, veranos abrasadores, sequías prolongadas y plagas de langostas. Aun así, las sod houses permitieron poblar regiones que de otro modo habrían resultado mucho más difíciles de colonizar.

En numerosos casos estas viviendas se consideraban soluciones temporales hasta reunir dinero suficiente para construir casas de madera, pero algunas familias llegaron a vivir en ellas durante décadas.

Familia de pioneros posando delante de su casa de césped

Casas similares a las sod houses fuera de Estados Unidos

Aunque las sod houses suelen asociarse principalmente con el Oeste estadounidense, este tipo de construcción apareció también en otras regiones donde la madera era escasa y el clima especialmente duro.

En Canadá, por ejemplo, miles de colonos establecidos en Saskatchewan, Manitoba y Alberta levantaron viviendas muy similares utilizando bloques de tierra y césped. Las praderas canadienses presentaban condiciones casi idénticas a las de las Grandes Llanuras de Estados Unidos, con enormes extensiones abiertas, fuertes vientos, inviernos extremos y muy pocos árboles.

Sin embargo, uno de los paralelismos más interesantes se encuentra mucho más lejos, en Islandia.

Las tradicionales turf houses islandesas (casas construidas con césped y turba) constituyen uno de los ejemplos más famosos de arquitectura basada en tierra vegetal. Aunque su origen es mucho más antiguo que el de las sod houses americanas, ya que se remontan a la época de los vikingos, ambas compartían una misma lógica: utilizar el suelo como material de construcción y aprovechar sus excelentes propiedades térmicas.

Clásica Turf House de Islandia
Islandia sufría históricamente una grave escasez de madera, ya que la isla había perdido gran parte de sus bosques siglos atrás, por lo que los habitantes tuvieron que desarrollar métodos alternativos para construir viviendas capaces de soportar un clima extremadamente frío y ventoso.

Las turf houses de Islandia evolucionaron durante siglos hasta convertirse en construcciones sorprendentemente sofisticadas. A diferencia de muchas sod houses norteamericanas, que solían ser relativamente simples y temporales, las viviendas islandesas podían formar auténticos complejos domésticos permanentes.

Estas casas combinaban estructuras internas de madera con gruesas capas de turba y césped. Muchas estaban parcialmente enterradas o integradas en las laderas del terreno para protegerse mejor del viento y conservar el calor. Desde el exterior, algunas parecían casi pequeñas colinas cubiertas de hierba.

El parecido visual entre las sod houses americanas y las turf houses islandesas resulta evidente, aunque existían diferencias importantes. Las viviendas de los pioneros norteamericanos nacieron sobre todo como una solución rápida y económica ligada a la colonización de las praderas, mientras que en Islandia este tipo de arquitectura evolucionó lentamente a lo largo de siglos y llegó a convertirse en una auténtica tradición nacional.

El declive y el legado histórico

A comienzos del siglo XX, las sod houses empezaron a desaparecer gradualmente. Esto se debió, en gran parte, a la expansión del ferrocarril, que facilitó el transporte de madera, ladrillos y otros materiales de construcción más duraderos. Poco a poco, las viviendas tradicionales de tierra fueron sustituidas por casas convencionales de madera, consideradas más cómodas, modernas y prestigiosas.

Al mismo tiempo, muchas familias pioneras mejoraron progresivamente su situación económica. Las primeras generaciones de colonos habían construido sod houses por pura necesidad, pero cuando lograban estabilizar sus granjas o negocios intentaban abandonar aquellas viviendas temporales y construir hogares más sólidos.

Las propias características de las sod houses también contribuyeron a su desaparición. Aunque podían resultar sorprendentemente resistentes, requerían mantenimiento constante. La humedad deterioraba lentamente las paredes y los techos, especialmente durante periodos prolongados de lluvia o nieve. Las filtraciones, el desgaste del césped y los daños provocados por insectos y animales acababan debilitando muchas estructuras.

Típica familia de colonos junto a una Sod House
En algunos casos, las viviendas fueron abandonadas y absorbidas poco a poco por la propia pradera. Con el paso de los años, muchas terminaron derrumbándose hasta casi desaparecer en el paisaje, como si regresaran lentamente a la tierra de la que habían surgido.

A pesar de ello, las sod houses dejaron una huella muy profunda en la memoria cultural de Estados Unidos y Canadá. Durante el siglo XX comenzaron a ser vistas no solo como construcciones pobres y primitivas, sino como símbolos de resistencia, adaptación y supervivencia. Representaban el sacrificio de miles de familias pioneras que soportaron condiciones extremadamente duras para establecerse en territorios aislados y difíciles.

Las imágenes de estas casas de tierra se convirtieron así en parte fundamental del imaginario del Oeste americano. Fotografías históricas, relatos autobiográficos y novelas ayudaron a consolidar esa visión.

Entre las obras más influyentes en este sentido destacan "Little House on the Prairie" (La casa de la pradera" y "On the Banks of Plum Creek" (A orillas del rio plum) de Laura Ingalls Wilder, donde la autora describía las dificultades cotidianas de la vida fronteriza. Gracias a este tipo de relatos, las sod houses pasaron a ocupar un lugar muy importante en la histórica de la expansión hacia el oeste.

Por otra parte, Hollywood y los documentales históricos también contribuyeron a popularizar su imagen. En muchas películas ambientadas en las Grandes Llanuras aparecen estas viviendas semienterradas y cubiertas de hierba como representación visual inmediata de la vida de los colonos estadounidenses.

En las últimas décadas, el interés por las sod houses ha crecido también desde el punto de vista arquitectónico y medioambiental. Muchos investigadores consideran que estas construcciones fueron ejemplos tempranos de arquitectura bioclimática, ya que utilizaban materiales locales, requerían pocos recursos externos y aprovechaban las propiedades aislantes naturales de la tierra.

En la actualidad, varias sod houses originales han sido restauradas y conservadas como patrimonio histórico. Museos y parques históricos en estados como Nebraska, Oklahoma o Dakota del Sur permiten visitar reconstrucciones y ejemplos auténticos de estas viviendas. Entre ellos, quizás el mejor ejemplo sea el Sod House Museum de Oklahoma, instalado en una vivienda original construida a finales del siglo XIX.

Más allá de su aspecto humilde y precario, estas viviendas representan una de las formas más claras de arquitectura nacida de la necesidad. Su historia muestra hasta qué punto los seres humanos son capaces de transformar incluso la propia tierra bajo sus pies en un refugio, un hogar o utilizar casi cualquier herramienta o material a su disposición para la supervivencia.

Fotografía de una familia frente a su Sod house en el siglo XIX

La compra de territorios por Estados Unidos y su impacto en las poblaciones locales

La expansión territorial de Estados Unidos no fue únicamente el resultado de guerras, anexiones forzosas o colonización interna. A lo largo de los siglos XIX y comienzos del XX, el país amplió de forma decisiva su territorio mediante una serie de compras negociadas con potencias europeas y estados vecinos. Estas adquisiciones, realizadas en contextos de intensa rivalidad imperial, conflictos diplomáticos y necesidades económicas, redefinieron el mapa norteamericano y sentaron las bases del ascenso de Estados Unidos como potencia continental y, más tarde, global.

Mapa de la compra de territorios por Estados Unidos
La compra de territorios fue una herramienta pragmática de política exterior. Para los gobiernos estadounidenses, suponía una forma relativamente rápida y, en apariencia, menos costosa que la guerra para asegurar fronteras, controlar rutas comerciales estratégicas y obtener acceso a recursos naturales. Para los países vendedores, en cambio, estas transacciones solían responder a situaciones de debilidad política, amenazas militares, dificultades económicas o la imposibilidad de defender y administrar territorios lejanos.

Desde la inmensa Luisiana francesa hasta el remoto territorio de Alaska, pasando por Florida o la franja de La Mesilla, cada compra tuvo motivaciones específicas y consecuencias profundas. Además de transformar el equilibrio de poder en América del Norte, estas operaciones afectaron de manera decisiva a las poblaciones indígenas y locales, cuya historia quedó marcada por desplazamientos, tratados desiguales y la pérdida progresiva de soberanía. 

La compra de Luisiana (1803)

La compra de Luisiana constituye una de las transacciones territoriales más decisivas de la historia moderna. En 1803, Estados Unidos adquirió de Francia un vasto territorio de más de dos millones de kilómetros cuadrados que se extendía desde el río Misisipi hasta las Montañas Rocosas y desde el golfo de México hasta las actuales fronteras de Canadá. El acuerdo fue firmado durante la presidencia de Thomas Jefferson y duplicó de inmediato el tamaño del país.

Para Francia, gobernada entonces por Napoleón Bonaparte, Luisiana había pasado de ser una promesa imperial a una carga estratégica. La pérdida de Haití tras una sangrienta rebelión de esclavos y la amenaza constante de la flota británica hicieron prácticamente imposible defender el territorio norteamericano. Ante la inminencia de nuevos conflictos europeos, Napoleón optó por vender Luisiana para obtener recursos financieros y evitar que cayera en manos británicas sin compensación alguna.

Desde la perspectiva estadounidense, el control del río Misisipi y del puerto de Nueva Orleans era vital para la supervivencia económica de los estados agrícolas del interior. Aunque Jefferson expresó dudas constitucionales sobre la legalidad de la compra, la oportunidad estratégica prevaleció. Por 15 millones de dólares, Estados Unidos aseguró su expansión hacia el oeste, facilitó la posterior creación de numerosos estados y reforzó la idea del llamado "Destino Manifiesto", aunque a costa de intensificar el despojo territorial de las naciones indígenas.

Mapa de la compra de Luisiana 1803


Florida y el Tratado Adams-Onís (1819)

La incorporación de Florida fue el resultado de un proceso diplomático complejo que, aunque suele describirse como una compra, difiere notablemente de otras adquisiciones territoriales estadounidenses. A comienzos del siglo XIX, Florida era una colonia española en claro declive, escasamente poblada, mal defendida y convertida en un espacio fronterizo inestable donde convivían pueblos seminolas, esclavos fugitivos, colonos angloamericanos y aventureros extranjeros.

Desde la óptica estadounidense, la presencia española suponía un problema estratégico constante. Florida era percibida como un foco de inseguridad que facilitaba incursiones armadas, contrabando y la huida de esclavos desde los estados del sur. Las expediciones militares del general Andrew Jackson entre 1817 y 1818, oficialmente dirigidas contra los seminolas pero que incluyeron la ocupación de fuertes españoles, evidenciaron tanto la debilidad del control español como la voluntad estadounidense de forzar una solución definitiva.

Mapa de la compra de Florida 1819
España, debilitada por las consecuencias de las guerras napoleónicas y por los procesos independentistas en América Latina, carecía de los recursos necesarios para mantener la provincia. En este contexto se negoció el Tratado Adams-Onís, firmado en 1819 y ratificado en 1821, mediante el cual España cedía Florida a Estados Unidos y se establecía una frontera clara entre los territorios españoles y estadounidenses en América del Norte.

Aunque el tratado suele presentarse como una compra, lo cierto es que Estados Unidos no pagó directamente a España por el territorio. En lugar de un desembolso económico clásico, Washington se comprometió a asumir reclamaciones de ciudadanos estadounidenses contra el gobierno español por un valor máximo de cinco millones de dólares. Este importe nunca fue entregado a España como pago territorial, sino que se destinó a compensar a particulares, lo que convierte la cesión de Florida en una transferencia diplomática más que en una compra en sentido estricto.

La adquisición eliminó la última presencia europea significativa en el sureste del país, consolidó el control estadounidense del golfo de México y sentó las bases para una expansión más agresiva en la región, que tendría consecuencias directas para los pueblos seminolas y para la estructura social del sur estadounidense.

La Mesilla y la compra de Gadsden (1853)

La compra de Gadsden, conocida en el ámbito hispanohablante como la adquisición de La Mesilla, fue una ampliación territorial más limitada en extensión, pero de notable importancia estratégica. En 1853, Estados Unidos compró a México una franja de territorio al sur de los actuales Arizona y Nuevo México.

Tras la guerra entre México y Estados Unidos, la frontera establecida en 1848 había dejado numerosos problemas sin resolver, tanto en términos cartográficos como económicos. El gobierno estadounidense buscaba una ruta viable para un ferrocarril transcontinental meridional que conectara el sur del país con California, algo difícil de lograr con la frontera existente.

México, debilitado política y financieramente, aceptó vender el territorio por 10 millones de dólares. Aunque la operación fue presentada como una solución práctica, consolidó la percepción de desigualdad entre ambos países y dejó una huella duradera en la memoria histórica mexicana. Para Estados Unidos, La Mesilla permitió reforzar su infraestructura y estabilizar su frontera sur.

La compra de Alaska (1867)

La compra de Alaska a Rusia en 1867 fue recibida inicialmente con escepticismo y burla por parte de la opinión pública estadounidense. El territorio, remoto, frío y escasamente poblado, parecía carecer de valor inmediato, lo que dio lugar a expresiones como la "locura de Seward", en alusión al secretario de Estado William H. Seward.

Para Rusia, Alaska representaba una posesión costosa y vulnerable. La posibilidad de perderla ante el Reino Unido en un conflicto futuro, sumada a su escasa rentabilidad económica, llevó al gobierno ruso a considerar la venta como una opción pragmática. Estados Unidos, por su parte, veía en la operación una oportunidad para ampliar su influencia en el Pacífico norte.

Por 7,2 millones de dólares, Estados Unidos adquirió el territorio. Décadas más tarde, el descubrimiento de oro, petróleo y otros recursos naturales transformó Alaska en una de las compras más rentables de su historia. Su importancia estratégica se hizo especialmente evidente durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.

Cheque de la compra de Alaska a Rusia


Las Islas Vírgenes de Estados Unidos (1917)

La última gran compra territorial realizada por Estados Unidos tuvo lugar en 1917, cuando adquirió las Islas Vírgenes a Dinamarca. El acuerdo se produjo en un contexto de tensión internacional creciente, en plena Primera Guerra Mundial.

Washington temía que Alemania pudiera ocupar las islas y utilizarlas como base naval en el Caribe, una región considerada clave para la defensa del canal de Panamá. Dinamarca, que llevaba décadas debatiendo el futuro de su colonia caribeña, aceptó la venta a cambio de 25 millones de dólares en oro.

Aunque su extensión era reducida, la compra reforzó la presencia estadounidense en el Caribe y consolidó su papel como potencia hemisférica. Las islas permanecen hasta hoy como territorio no incorporado, reflejo de las complejidades legales y políticas de la expansión estadounidense.

El precio humano de la expansión territorial

Las compras territoriales que permitieron a Estados Unidos consolidarse como potencia continental, tuvieron un impacto profundo y duradero sobre las poblaciones indígenas y locales, quienes habitaban esos territorios mucho antes de que se negociaran tratados y acuerdos diplomáticos en despachos lejanos. Para estos pueblos, la transferencia de soberanía no fue un acto abstracto de política internacional, sino el inicio (o la intensificación) de procesos de desposesión, desplazamiento y transformación forzada de sus modos de vida.

En territorios como Luisiana, Florida o las regiones adquiridas a México, la compra marcó el comienzo de una rápida expansión de colonos angloamericanos, acompañada de nuevas estructuras legales, sistemas de propiedad privada y autoridades federales ajenas a las realidades locales. Los tratados firmados posteriormente con las naciones indígenas, rara vez respetaron los acuerdos iniciales y, en muchos casos, sirvieron únicamente como instrumentos temporales antes de nuevas cesiones forzadas. La compra de un territorio por parte de un Estado no implicó, en la práctica, el reconocimiento de los derechos políticos, culturales o territoriales de quienes ya vivían allí.

Tribu indígena Seminola
En Florida, la transferencia del territorio a Estados Unidos derivó directamente en las Guerras Seminolas, una de las campañas militares más largas y costosas contra un pueblo indígena en la historia del país. En Luisiana y en el oeste adquirido tras la compra de Gadsden, la expansión agrícola, minera y ferroviaria aceleró el desplazamiento de comunidades enteras hacia reservas cada vez más reducidas y económicamente inviables.

Incluso en casos tardíos como Alaska o las Islas Vírgenes, la compra no supuso una integración inmediata ni equitativa de las poblaciones locales. En Alaska, los pueblos indígenas quedaron durante décadas al margen de los beneficios económicos derivados de la explotación de recursos naturales. En el Caribe, los habitantes de las Islas Vírgenes pasaron a ser súbditos de una nueva potencia sin disfrutar plenamente de derechos políticos durante generaciones.

Desde una perspectiva histórica, las compras territoriales de Estados Unidos evidencian una paradoja central de su expansión: mientras se presentaban como soluciones diplomáticas y racionales entre Estados soberanos, sus consecuencias reales se manifestaron con mayor dureza sobre comunidades que no participaron en las negociaciones y cuyos intereses no fueron representados. Analizar estas adquisiciones implica, por tanto, no solo comprender cómo se construyó el mapa estadounidense, sino también reconocer el coste humano y cultural que acompañó a ese proceso de expansión.

Mapa adquisiciones territoriales de Estados Unidos

La historia de Henry Gunther, el último soldado en morir en la Primera Guerra Mundial

La Primera Guerra Mundial, también conocida como la Gran Guerra, fue uno de los conflictos más devastadores de la historia. Entre 1914 y 1918, millones de soldados y civiles murieron en una contienda que transformó para siempre el mapa político, social y cultural del mundo. El 11 de noviembre de 1918, tras años de trincheras, sangrientas batallas y una escala de destrucción sin precedentes hasta entonces, el conflicto acabó. 

La historia de Henry Gunther, el último soldado en morir en la Primera Guerra Mundial
A las once de la mañana entró en vigor el armisticio firmado entre los Aliados y Alemania, marcando el final oficial de la guerra. Sin embargo, la tragedia tuvo su última víctima en un episodio tan irónico como trágico: un soldado estadounidense de origen alemán llamado Henry Gunther, cayó abatido apenas un minuto antes de que la paz entrara en vigor, convirtiéndose en el último soldado en morir en la Primera Guerra Mundial.

Henry Nicholas John Gunther nació en 1895 en Baltimore, Maryland, en el seno de una familia de inmigrantes alemanes. Como muchos jóvenes de su generación, llevaba una vida tranquila antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Trabajaba como oficinista en un banco y parecía destinado a una vida ordinaria, lejos de los campos de batalla europeos. Sin embargo, en 1917 fue reclutado por el Ejército de Estados Unidos, en un contexto en el que la nación norteamericana acababa de entrar en la guerra para apoyar a los Aliados. Fue asignado al 313.º Regimiento de Infantería de la 79.ª División, con destino a Francia.

Los testimonios posteriores indican que Gunther no siempre estuvo satisfecho con su servicio. Había escrito cartas a casa que fueron interpretadas como críticas hacia la guerra y hacia el Ejército, lo que le valió una degradación en su rango. Este hecho lo marcó profundamente, pues su reputación y honor habían quedado en entredicho. Algunos historiadores sostienen que, a partir de ese momento, se volvió más arriesgado en combate, como si buscara redimirse frente a sus superiores y compañeros.

firma del armisticio entre los Aliados y Alemania en 1918
El 11 de noviembre de 1918 amaneció con una expectativa diferente a cualquier otro día en el frente occidental. El armisticio había sido firmado en la madrugada, y su entrada en vigor estaba prevista para las once de la mañana. 

Los soldados de ambos bandos sabían que las horas restantes de la guerra estaban contadas, y en muchos sectores se vivía un ambiente extraño, una mezcla de alivio, tensión y desconcierto. Sin embargo, en algunos puntos todavía se libraban combates, ya sea por falta de comunicación o por la inercia de más de cuatro años de violencia.

Gunther se encontraba en la región de Chaumont-devant-Damvillers, en el noreste de Francia. Faltaba apenas un minuto para que se hiciera efectiva la paz cuando ocurrió el episodio que lo convertiría en una figura singular en la historia militar. Según las crónicas, Gunther cargó de manera solitaria contra una posición alemana, con la bayoneta calada. 

Los soldados enemigos, sabiendo que el armisticio estaba a punto de entrar en vigor, intentaron detenerlo sin violencia. Dispararon al aire y le gritaron que se detuviera, pero Gunther continuó avanzando. Finalmente, se vieron obligados a abrir fuego, y el soldado estadounidense cayó abatido a las 10:59 de la mañana del 11 de noviembre de 1918, un minuto después, la guerra había terminado oficialmente.

La muerte de Gunther, literalmente en el último minuto de la guerra, siempre ha generado un intenso debate entre los historiadores debido a lo innecesario de una acción casi suicida. Algunos interpretan su acción como un intento desesperado de probar su valentía y recuperar el honor perdido tras su degradación; mientras que otros historiadores apuntan a que simplemente se dejó llevar por la tensión del momento, sin aceptar del todo que la guerra había llegado a su fin. Sea cual fuere la razón, lo cierto es que Henry Gunther pasó a la historia como el último combatiente en morir durante la Primera Guerra Mundial.

A pesar de que inicialmente fue visto como un acto innecesario, en los años posteriores su figura fue reivindicada y homenajeada. En 1923 el Congreso de Estados Unidos le otorgó de manera póstuma la Cruz de Servicio Distinguido, reconociendo así su sacrificio; y en 2008 se construyó un pequeño memorial cerca del lugar donde Gunther fue abatido, en el que se instaló una placa conmemorativa. En su tumba en Baltimore puede leerse un recordatorio de su trágico destino: Gunther, el último soldado estadounidense caído en la Gran Guerra.

Placa conmemorativa de Henry Gunther

Harry Gardiner, la mosca humana

A principios del siglo XX, la arquitectura y el urbanismo de muchas ciudades de todo el mundo, comenzaron a experimentar cambios significativos con la construcción de los primeros rascacielos, particularmente en lugares como Nueva York y otras grandes ciudades de Estados Unidos, así como también en las grandes capitales europeas. 

Harry Gardiner, la mosca humana
Los rascacielos no solo transformaron paulatinamente los paisajes urbanos, sino que además dieron lugar a curiosos fenómenos. En las primeras décadas del siglo XX, surgieron unos intrépidos aventureros conocidos como "hombres mosca" o "moscas humanas" (Human Fly), cuyo espectáculo consistía en escalar rascacielos y gigantescos edificios sin ayuda de cuerdas, arneses ni ninguna otra medida de seguridad. 

Y entre los escaladores de edificios más populares de aquellos años (una técnica conocida como Buildering), el más conocido de todos fue sin duda Harry Gardiner, quien se ganó el apodo de "la mosca humana" tras escalar durante su vida más de 700 edificios en Europa y Estados Unidos, dando además el nombre con el que se conocería posteriormente este peculiar fenómeno. 

Estas moscas humanas comenzaron a aparecer en Estados Unidos a partir de 1905, con Harry Gardiner como un auténtico pionero en este sentido, ya que fue el año en el que escaló su primer edificio. Por lo general, se trataba de aventureros que escalaban rascacielos con sus propias manos y sin ayuda, aunque algunos de ellos usaban en ocasiones una especie de guante de succión especiales que les servían como apoyo tanto para la escalada como para descender posteriormente del edificio. 

Si bien muchas de estas moscas humanas simplemente buscaban la fama, escalar rascacielos o simbólicos edificios particularmente altos, también era un negocio muy lucrativo. Las empresas solían patrocinar al escalador o pagaban buenas sumas de dinero para que sus productos se anunciaran ante el público que observaba asombrado el espectáculo, particularmente bancos y compañías de seguros de vida, o incluso para promocionar películas durante la década de 1920.

La mosca humana escalando una torre de Vancouver en 1918
El cine de la época se ocupó además de reflejar esta profesión de riesgo en numerosas películas, con el film El hombre mosca (Safety Last!), protagonizada por Harold Lloyd en 1923, como la más representativa de todas ellas gracias a su famosa escena en la que Lloyd queda colgado a una gran altura de las manecillas de un reloj que cuelga del exterior de un rascacielos. 

Nacido en Nueva York en 1871, Harry Gardiner trabajó durante su vida como ilusionista, actor y especialista de escenas arriesgadas para el cine, pero sería su inusual carrera como escalador solista integral (escalada en solitario libre) lo que le llevaría a ser mundialmente famoso.

Tras escalar su primer gran edificio en 1905, Gardiner comenzó rápidamente a levantar el interés de un público ansioso por ver sus nuevas hazañas, de manera que era habitual que cada vez que se anunciaba una nueva escalada de "la mosca humana", miles de personas se congregaran en la calle para ver sus ascensos. Como hombre del espectáculo, Gardiner conocía bien lo que quería el público, realizando en ocasiones también acrobacias o posturas inverosímiles durante las escaladas con el objetivo de tener a la gente en vilo y atemorizada por si se precipitaba al vacío.

Harry Gardiner se destacó además por realizar las escaladas en los rascacielos vestido con ropa de calle y sin utilizar ningún equipo especial que le ayudara en el ascenso. En un artículo que la revista Mucle Builder publicó a principios del siglo XX sobre el aventurero, Gardiner comentó que más de 100 personas ya habían muerto intentando imitar sus hazañas. Tal y como sentenció además en la entrevista: «No hay posibilidad de ensayar tu actuación».

Una de las escaladas más memorables de la Mosca Humana se produjo el 9 de junio de 1916, cuando más de 30.000 espectadores se reunieron para verle escalar los 75 metros de altura del edificio Omaha World-Herald. Ese mismo año, el 7 de octubre, el diario Detroit News le contrató para escalar el edificio de 14 plantas que el periódico había adquirido como nueva sede para sus oficinas, el histórico Majestic Building. El evento fue tan mediático que algunas fuentes de la época reportaron que el escalador había congregado más de 100.000 personas para ver en directo su escalada. 

Harry Gardiner escalando el edificio Omaha World-Herald en 1916
Durante los siguientes años, Harry Gardiner escaló otros históricos edificios y rascacielos que le siguieron reportando una gran fama, como el Empire Building de Birmingham (Alabama) de 16 pisos; el World Building (actualmente edificio Sun Tower) de 17 pisos situado en Vancouver (Canadá); o la sede principal del Banco Hamilton en Ontario (Canadá), que realizó en noviembre de 1918 para celebrar el final de la Primera Guerra Mundial. 

Las últimas escaladas documentadas de Gardiner se produjeron a principios de 1927, acumulando en total más de 700 escaladas con éxito de edificios y rascacielos durante toda su carrera, principalmente en Estados Unidos. Por aquella época, había trasladado ya su espectáculo a Europa debido a que en Nueva York se promulgó una ley que prohibía escalar la fachada de cualquier edificio. 

Sin embargo, a partir de entonces se pierde su rastro completamente y su repentina desaparición está rodeada de misterio. En 1933 se encontró en París, al pie de la Torre Eiffel, el cuerpo de un hombre muerto que coincidía con la descripción de Harry Gardiner, y que por las condiciones del cadáver, parecía haberse caído desde una gran altura

Nunca llegó a confirmarse si se trataba en realidad del cuerpo de Gardiner o de algún turista que se había precipitado al vacío desde el monumento más emblemático de París. Otras fuentes sitúan la fecha de su muerte en julio de 1956 en Washington D.C., pero también hay ciertas dudas sobre la fiabilidad de esta información. Lo cierto es que el destino de Harry Gardiner, el auténtico hombre mosca, sigue siendo un misterio. 

El aventurero Harry Gardiner en los periódicos de la época

La mosca humana Harry Gardiner realizando acrobacias durante una escalada

Cuando las máquinas de pinball fueron prohibidas en Estados Unidos

El origen de las máquinas de pinball, al menos tal y como las conocemos hoy en día, se sitúa habitualmente en la década de 1930, poco antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, las raíces de los pinballs se remontan mucho más atrás en el tiempo. 

Prohibición de las máquinas de Pinball en Estados Unidos
Ya en los siglos XVII y XVIII, la gente solía disfrutar de diversos juegos al aire libre donde una bolita era el elemento primordial, como el croquet o la petanca, pero con el tiempo buscaron formas de llevar este tipo de juegos a espacios interiores para que se pudieran jugar en una mesa o en el suelo de un pub, surgiendo así otros juegos como el billar o los bolos. 

Durante más de cien años. estos juegos evolucionaron y se hicieron más pequeños hasta convertirse en juegos de mesa con tableros llenos de clavos o piezas de metal (también llamados "alfileres" por su nombre "pins" en inglés) que rodeaban varios agujeros por los que se disparaban o rebotaban pequeñas canicas. En 1869, Montague Redgrave, un inventor británico, se mudó a Estados Unidos y comenzó a fabricar estas mesas llamadas "Bagatelle", como se las conocía en la época. Sólo dos años después, creó el lanzador mediante resorte para los juegos y así nació la moderna máquina de pinball.

Estos primigenios pinballs continuaron, prácticamente sin cambios, hasta 1931, cuando pasaron a funcionar con monedas. Los jugadores se solían dirigir a la taberna local donde, por un centavo, les daban de cinco a siete bolas, que eran lanzadas por el émbolo con resorte inventado por Redgrave. Se trataba en realidad de un juego muy básico donde el jugador estaba a merced del azar en función de los movimientos y rebotes de la canica. 

El tablero del juego consistía simplemente en una base de madera bajo un cristal, con varios "pins" y agujeros distribuidos aleatoriamente. No había manera, excepto inclinando la mesa, de controlar hacia dónde se iba a dirigir la pelota. En 1933, se introdujo por primera vez la máquina de pinball eléctrica, que incluía ya luces intermitentes, parachoques activos y un solenoide que impulsaba la bola hacia arriba y fuera del agujero en el centro del tablero si aterrizaba allí en su trayectoria. No sería hasta 1947 cuando se agregaron las famosas paletas o flippers a las máquinas de pinball con el objetivo de mantener la pelota en juego durante más más tiempo.

Destrucción de los pinball durante su prohibición en Estados Unidos
Así, las máquinas de pinball comenzaron a hacerse muy populares entre el público estadounidense durante los años 40, surgiendo empresas especializadas en fabricar y distribuir este tipo de máquinas de pinball electromecánicas, como Gottlieb o Williams Manufacturing. Todo parecía ir viento en popa para esta industria emergente dedicada al ocio, pero poco después surgió un importante contratiempo cuando varias ciudades de Estados Unidos decidieron prohibir las máquinas de pinball.  

Quizás la persona en Estados Unidos más comprometida con la prohibición de los pinballs fue el alcalde de Nueva York, Fiorello LaGuardia, argumentando para tomar esta decisión que los juegos de pinball estaban "robando" el dinero a los niños, asegurando que preferían gastar el dinero en jugar a las máquinas en lugar de comprarse el almuerzo. LaGuardia también sostenía que los salones de pinball eran negocios controlados por la mafia y los gánsteres. Lo cierto es que en este sentido tenía parte de razón, ya que la llamada mafia estaba involucrada en el negocio de todo tipo de juegos de arcade que comenzaron a aparecer a partir de la Gran Depresión.

Como resultado de la prohibición de la máquinas de pinball en la ciudad de Nueva York, el alcalde LaGuardia ordenó al departamento de policía realizara redadas en los locales donde había sospechas de que se jugaba al pinball. Un tipo de redadas con una gran similitud a las que el país había experimentado unas décadas con la prohibición de consumir alcohol durante la época de la Ley Seca.  

LaGuardia ordenó a la policía que reuniera las máquinas de pinball que encontraran por toda la ciudad y arrestara a sus dueños, incautándose durante los registros policiales miles de máquinas. Cientos de propietarios de estos pinballs terminaron arrestados, algunos de ellos incluso cumpliendo penas de cárcel. Las máquinas incautadas terminaron destrozadas con mazos y martillos, y muchos de los restos acabaron arrojados a algunos de los ríos del área metropolitana de la ciudad de Nueva York.

Con la llegada de las prohibiciones del pinball en otras ciudades del país, tanto las propias máquinas como los jugadores pasaron a la clandestinidad. En Nueva York, las máquinas de pinball terminaron trasladándose a sórdidos locales como sex shops o bares nocturnos de dudosa reputación, particularmente en barrios como Harlem y East Village. Locales que se convirtieron básicamente en bares clandestinos de pinball tras la prohibición.

Restos de las máquinas de pinball tras ser destruidas
Si bien algunas personas, como el alcalde de Nueva York, consideraban que el pinball causaba un efecto negativo en la sociedad que había que perseguir, curiosamente no fue hasta que estas máquinas de juegos acabaron en sex shops y otros locales similares cuando parte de la sociedad las comenzó a ver como algo inmoral o un vicio a erradicar. 

El fin de la prohibición de las máquinas de pinball en Nueva York llegó finalmente en 1976. Roger Sharpe, editor de la revista GQ por entonces, y jugador profesional de pinball decidió hacer una demostración frente a varios funcionarios gubernamentales, para demostrar que el pinball era un juego de habilidad y no de azar, y por tanto no debía ser tratado ni regularse de la misma forma que las apuestas. 

Al parecer la demostración de juego de Roger no comenzó demasiado bien, pero pudo jugar una partida en la que fue comentando con precisión la trayectoria que recorrería la bola tras el disparo inicial o después de ser golpeada con los flippers para llevarla hacia donde él quería. Su partida de demostración funcionó y el gobierno de la ciudad acabó votando por unanimidad levantar la prohibición al pinball. 

Tras Nueva York, muchas otras ciudades de Estados Unidos siguieron su ejemplo y también eliminaron la prohibición, aunque curiosamente algunas ciudades del país mantienen aún hoy en día esta ley en sus ordenanzas municipales, si bien no hay constancia de que se haya vuelto a aplicar. 

Las máquinas de pinball volvieron a la salas de Arcade durante la década de 1970 y rápidamente volvieron a experimentar una gran acogida entre el público. Esta época de éxito para los pinball sin embargo no duraría mucho, ya que poco a poco comenzaron a ser sustituidas las máquinas en muchos locales por una nueva forma de entretenimiento mucho más rentable y masiva, debido a la llegada de la década dorada de los videojuegos en los 80

Fotografía de la prohibición de las máquinas de Pinball en Estados Unidos

Oath Keepers, la milicia armada más grande de Estados Unidos

Oath Keepers (Guardianes del juramento) es una organización antigubernamental estadounidense, compuesta principalmente por ex-militares, policías y miembros de fuerzas del orden o cuerpos de ayuda y rescate, que con sus más de 30.000 miembros forman la milicia armada más grande de Estados Unidos.

Miembros de la milicia Oath KeepersConsiderada habitualmente por los medios como una organización de extrema derecha y no exenta de polémica por algunas de sus acciones, los propios miembros de la milicia Oath Keepers se definen a sí mismos como una asociación no partidista que se comprometen a cumplir el juramento que hacen todos los militares y policías de "defender la Constitución contra todos los enemigos, extranjeros y nacionales".

Las milicias ciudadanas comenzaron a adquirir notoriedad en Estados Unidos a partir de la década de 1990, tras sucesos como el asedio de Waco (Texas) en 1993 o el atentado de Oklahoma City en 1995. Aunque no se conoce con exactitud su número real, se cree que en el país hay cerca de 200 milicias ciudadanas armadas.

Si bien la mayoría son organizaciones locales, limitando sus actuaciones a una ciudad o Estado concreto, dos de ellas destacan por encima de las demás por su tamaño y por su carácter nacional: Three Percenters (3 Percenters), una de las milicias más grandes del país, con más de 10.000 miembros y con presencia también en parte de Canadá; y Oath Keepers, la mayor de todas.

Los principios de los Oath KeepersCon el lema "¡No en nuestra guardia!" (Not on our watch!), la milicia Oath Keepers fue fundada en marzo de 2009 por Elmer Stewart Rhodes, un licenciado en derecho por la Universidad de Yale que estuvo en el ejército de Estados Unidos como paracaidista y llegó a ser miembro del personal del congresista republicano Ron Paul.

Para crear la milicia y sus principios fundamentales, no obedecer órdenes que violen la Constitución de los Estados Unidos, al parecer Rhodes se inspiró en la idea de que Adolf Hitler podría haber sido detenido si los soldados alemanes y la policía se hubieran negado a seguir sus órdenes, evitando así un estado totalitario.

Cualquier persona puede convertirse en miembro de Oath Keepers tal como indican en su página web (Guardians of the Republic - Oath Keepers), si bien la milicia está formada mayormente por personas en el servicio militar o en reserva, gente de la Guardia Nacional, policía, bomberos u otros cuerpos de ayuda como la Guardia Estatal o personal médico, así como los veteranos y ex miembros de esos servicios.

También es habitual que se unan a la organización muchos aficionados al movimiento survivalista de Estados Unidos, conocidos como Preppers, como una forma de estar preparados y organizados para una posible crisis del sistema.

Sus acciones y actividades en las que han tomado parte a lo largo de los años han estado por lo general rodeadas de polémica, siendo en muchos casos criticadas por los medios, quienes han tachado al grupo habitualmente de extremistas paramilitares asociados al movimiento supremacista blanco.

Una de las acciones más mediáticas de la milicia Oath Keepers se produjo en a finales de noviembre de 2014, durante los disturbios en Ferguson (Misuri), que se produjeron tras el asesinato del joven afroamericano Michael Brown a manos de agente de policía.

Un miembro de los Oath Keepers durante los disturbios de FegursonLos Oath Keepers presentaron una solicitud nacional a sus miembros para que ayudaran en la ciudad después de que se conociera la decisión del gran jurado en el caso de Michael Brown. Al no darse la orden a la Guardia Nacional para que controlara los disturbios en la ciudad, los miembros de la milicia decidieron mantener una vigilancia armada en los tejados de Ferguson para proteger los negocios del vandalismo y los saqueos, a pesar de recibir una orden policial directa de frenar sus actividades.

Años después, en agosto de 2015, cuatro miembros del grupo aparecieron nuevamente en las calles de Ferguson durante las manifestaciones callejeras pacíficas por el aniversario del tiroteo de Brown.

También han participado en acciones más locales y mucho menos mediáticas, como el conocido como "Bundy Ranch standoff", cuando agentes de la Oficina de Administración de Tierras confiscaron ganado que consideraron que estaba pastando ilegalmente en tierras federales en el condado de Clark, Nevada; o cuando en 2015, miembros armados de Oath Keepers asistieron a dos disputas entre los mineros de oro y las autoridades federales en el noroeste del Pacífico, una zona conocida como Cascadia.

Oath Keepers en un mitin de Donald TrumpEn todo caso, las declaraciones públicas de algunos de sus miembros más destacados no han ayudado a mejorar la imagen pública de la organización. Dan Page, un ex oficial de policía del condado de St. Louis, relevado de su cargo en 2014, realizó un discurso en una reunión de los Oath Keepers donde se jactaba de haber matado a muchas personas, menospreciaba a los musulmanes, y abrazaba abiertamente diversas teorías conspirativas.

La polémica llevó a que la organización emitiera un comunicado indicando que las opiniones de Dan Page no reflejaban las de la organización, aunque pocos meses después, un artículo publicado en la propia web oficial de Oath Keepers avisaba de una sangrienta Guerra Civil en Estados Unidos si Hillary Clinton ganaba las elecciones. Durante 2019, los miembros del grupo han estado "protegiendo" a los visitantes y actuando como seguridad armada para varios eventos financiados por el Partido Republicano en los mítines políticos de Donald Trump

Héroes, justicieros, patriotas, vigilantes, extremistas, racistas, supremacistas blancos o ciudadanos que defienden la Constitución y los derechos fundamentales de los Estados Unidos, independientemente de las opiniones, críticas o calificativos de todo tipo que existen sobre Oath Keepers y otras milicias armadas similares aunque más pequeñas, hasta la fecha, estas organizaciones ciudadanas son legítimas, amparadas por las leyes en el país.

Logo milicia Oath Keeper

El incidente Dai Hong Dan, cuando Estados Unidos ayudó a Corea del Norte

El final de la Guerra de Corea en julio de 1953 terminó con un acuerdo de Armisticio, aunque en realidad nunca se llegó a alcanzar un acuerdo de paz definitivo, y con la separación de las dos Coreas, con el paralelo 38 como frontera entre ambos países.

El incidente Dai Hong DanSi bien la época de la "Guerra Fría" se dio por terminada a principios de la década de los 90, la relación de Corea del Norte con sus vecinos de Corea del Sur, con Japón, y especialmente con Estados Unidos ha sido un relación tensa y foco de constantes conflictos diplomáticos que ha llegado hasta la actualidad.

A pesar de estas difíciles relaciones entre Corea del Norte y Estados Unidos, siempre existen excepciones, siendo el denominado incidente Dai Hong Dan ocurrido en 2007 un buen ejemplo de ello. La situación acabó con Estados Unidos ayudando a Corea del Norte y una nota de prensa oficial del régimen norcoreano agradeciendo la ayuda estadounidense.

El incidente Dai Hong Dan se produjo el 29 de octubre de 2007 en la costa de Somalia, a 110 kilómetros de distancia de la capital del país, Mogadiscio. El buque de carga norcoreano "MV Dai Hong Dan" atracó en el puerto de Mogadiscio el 20 de octubre y cuando varios días después ya había descargado su cargamento, fue abordado por un grupo formado por entre siete y ocho piratas somalíes en la noche del 29 de octubre. Una práctica habitual entre muchos jóvenes de la zona, que buscan en la piratería una forma rápida de ganar dinero pidiendo posteriormente grandes sumas por los rescates de los barcos atacados y secuestrados.

Los piratas somalíes iban fuertemente armados y abordaron el barco disfrazados de guardias. Detuvieron rápidamente a los 22 marineros norcoreanos que formaban parte de la tripulación y pusieron el barco rumbo al Océano Índico, exigiendo poco después un rescate de 15.000 dólares.

Marineros de Estados Unidos subiendo al Dai Hong Dan tras el incidenteAl día siguiente, el destructor estadounidense USS James E. Williams (DDG 95), que era la fuerza de coalición más cercana en la zona, se encontraba a menos de 100 kilómetros de distancia, y se acercó al barco norcoreano secuestrado, desplegando un helicóptero SH-60B y un equipo VBSS (Visit, Board, Search, and Seizure) para asegurar la escena.

A través de la radio, el buque de guerra de Estados Unidos comunicó a los piratas que entregaran las armas y se rindieran de inmediato. Al ver que recibían refuerzos, los marineros norcoreanos se rebelaron y atacaron a sus captores. Se apoderaron en la lucha de varias armas con las que pudieron hacer frente a los asaltantes, y atacaron el puente de mando del barco donde se refugiaban los piratas somalíes.

Se produjo un intenso tiroteo entre ambos bandos que acabó con un pirata muerto en el enfrentamiento (otras fuentes hablaron de dos piratas muertos) y tres heridos, siendo en todo caso todos los piratas supervivientes finalmente capturados. Para cuando la armada de Estados Unidos llegó a la batalla, los miembros de la tripulación ya habían derrotado a los piratas. Entre los marineros norcoreanos se produjeron seis heridos que necesitaron de tratamiento médico, tres en estado crítico, que fueron atendidos por el personal médico estadounidense.

Colaboración Estados Unidos y Corea del NorteCorrió el rumor de que los piratas sobrevivientes fueron liberados en un bote salvavidas, que fue tiroteado poco después para que se ahogaran en el océano, aunque este rumor nunca se llegó a confirmar.

El incidente Dai Hong Dan tuvo cierta repercusión en la prensa internacional, sin embargo lo más llamativo fue la inusual declaración emitida por la prensa oficial del régimen de Corea del Norte (KCNA), en la que se destacaba la exitosa colaboración entre Estados Unidos y Corea del Norte durante el incidente.

Un ejemplo de colaboración en el mar entre ambos países sin precedentes, ya que el anterior "encuentro marítimo" entre Estados Unidos y Corea del Norte se produjo en 1968, cuando las fuerzas de Corea del Norte capturaron el buque estadounidense USS Pueblo (AGER-2) que se encontraba recabando información en la costa. Este suceso se conoció como el Incidente del USS Pueblo y el barco es el único buque de guerra de Estados Unidos en activo que se encuentra en poder una potencia extranjera. Actualmente el buque americano está amarrado en Pionyang, la capital de Corea del Norte, siendo un museo y una de las grandes atracciones turísticas del país.

El USS Pueblo exhibido en Pionyang

War Bonds, la mayor campaña de financiación de la Historia

El 7 de diciembre de 1941, la Armada Imperial Japonesa atacaba la base naval de Estados Unidos de Pearl Harbour, en el archipiélago de Hawái. Cuatro días después, Alemania, como aliado de Japón durante la Segunda Guerra Mundial, declaraba oficialmente la guerra a Estados Unidos.

Cartel War Bonds - Segunda Guerra Mundial Hasta entonces los norteamericanos se habían mantenido hasta cierto punto al margen del conflicto, facilitando armamento y suministros a sus aliados británicos pero sin participar de forma activa en las batallas y en una posición técnicamente neutral, al menos de forma oficial. Sin embargo, estos dos hechos propiciaron la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, teniendo que combatir en dos frentes con el coste astronómico que eso suponía.

En Washington se analizaron los posibles costes y se estimó que ganar la guerra le costaría a Estados Unidos cerca de 300.000 millones de dólares de la época (4,4 billones actuales), una cantidad ingente de dinero que al Gobierno americano no le sería fácil afrontar. Se decidió por tanto que para poder financiar su participación en la guerra, la mitad se recaudaría mediante impuestos y los otros 150.000 millones se financiarían con Bonos de Guerra (War Bonds) que los ciudadanos americanos comprarían para ayudar a su país.

En aquella época la situación económica de las familias estadounidenses no era especialmente boyante, los ingresos medios familiares eran de 2.000 dólares al año y el país no se había terminado de recuperar económicamente del Crack del 29 y sus consecuencias. Tras iniciarse la Segunda Guerra Mundial en 1939 en Europa, Estados Unidos emitió los llamados Bonos de Defensa (Defense Bonds) para reducir la inflación en el país. Con la entrada en el conflicto estos Bonos pasaron a llamarse Bonos de Guerra para apelar al espíritu patriótico y que servirían para financiar al país.

Debido en parte al auténtico shock que supuso para la población el ataque a Pearl Harbour, las ganas de vengar la afrenta recibida y sobre todo a una espectacular campaña mediática, la venta de los "War Bonds" fueron un rotundo éxito, superando incluso las previsiones más optimistas. La venta de Bonos de Guerra de Estados Unidos fue probablemente la mayor campaña de publicidad y de financiación de la Historia.

Bono de Guerra Estados UnidosEl 1 de mayo de 1941 se pusieron en circulación la primera Serie E de Bonos de Defensa que poco después se denominarían Bonos de Guerra. El presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt fue el primero en adquirirlos en un acto público. Los Bonos eran nominales y se podían adquirir en participaciones de 25$, 50$, 75$, 100$, 200$, 500$, 1.000$, 5.000$ y 10.000$. Aunque se podían recuperar a los dos meses, no generaban intereses hasta pasado un año desde su compra. Se lanzaron también sellos a un precio de 10 centavos para quien no pudiese adquirir un Bono completo, éstos se coleccionaban en álbumes de sellos aprobados por el Tesoro hasta que se acumularan suficientes sellos para completar un Bono de Guerra.

Comic War Bonds Se realizó por toda Norteamérica una gigantesca campaña de publicidad apelando al deber moral y espíritu patriótico de los 134 millones de estadounidenses para que compraran Bonos y ayudar así a financiar a su país en el esfuerzo bélico. La campaña se inició con anuncios en radio, prensa y carteles publicitarios, contratándose a los mejores publicistas de la época procedentes de Nueva York con el objetivo de que la gente conociera lo antes posible la existencia de estos Bonos de Guerra.

La ola de patriotismo se extendió rápidamente y poco después se sumaron a la campaña numerosas empresas privadas y organizaciones que también incluían en sus anuncios publicitarios algún mensaje sobre la necesaria compra de Bonos de Guerra.

Además se unieron un buen número de artistas famosos, políticos e incluso algunos creadores de cómics, contratados por el Gobierno para ayudar a promocionar los "War Bonds" a través de sus historias y personajes. Como consecuencia, por ejemplo los cortometrajes animados de Superman de los años 40 están además claramente influenciados por la propaganda bélica.

La campaña comenzó con un gran éxito, en menos de un mes las encuestas realizadas para comprobar el impacto de la campaña entre la ciudadanía indicaban que el 90% de los encuestados conocía la existencia de los Bonos.

Uno de los grandes apoyos a esta gigantesca campaña de publicidad vino de Hollywood. Más de 300 estrellas de cine, entre las que se encontraban algunas de las grandes divas del Hollywood clásico, como Bette Davis, Judy Garland o Rita Hayworth realizaron giras por todo el país para promover la venta de Bonos de Guerra en una gira global llamada "Stars Over America".

Judy Garland- Stars over AmericaAdemás de diversas campañas de publicidad y promoción, participaron en varias presentaciones de películas a las que se podía asistir exclusivamente con la compra de un Bono de Guerra como entrada y grandes mítines como los que realizaron varias estrellas en Chicago donde vendieron 15 millones de dólares en Bonos. Las estrellas de Cine de Hollywood no defraudaron y consiguieron recaudar con su campaña más de 800 millones de dólares, muy por encima de lo previsto.

Durante toda la guerra se siguieron realizando actos y campañas publicitarias para promocionar la venta de Bonos. La conocida cadena de Televisión CBS (Columbia Broadcasting System) organizó un maratón televisivo durante 16 horas consiguiendo recaudar más de 40 millones de dólares. Warner Brothers por su parte produjo en 1942 un corto de animación protagonizado por Bugs Bunny con el título de Any Bonds Today? (link al video) donde se animaba a comprar bonos a la población. El famoso compositor Irving Berlin (autor de God Bless America) escribió una canción con el mismo título, Any Bonds Today? que se hizo muy popular y se utilizó de forma mediática por el Departamento del Tesoro para el programa de Bonos.

El artista Norman Rockwell, pintó para la ocasión cuatro pinturas al óleo denominadas The Four Freedoms (Las 4 libertades) que se publicaron durante varias semanas en la revista The Saturday Evening Post siendo un gran éxito, organizándose a la vez una exposición itinerante de las pinturas que recaudó 132 millones de dólares.

La NFL participó también en la causa donando parte de sus ingresos de varios partidos de exhibición y en 1942 muchos de sus jugadores realizaron giras o dieron mítines para vender Bonos, consiguiendo recaudar más de 4 millones de dólares.
El 26 de junio de 1944 se celebró en Nueva York un original partido de beisbol de seis entradas entre los equipos New York Giants, Brooklyn Dodgers y los New York Yankees para recaudar fondos para los Bonos de Guerra. Asistieron más de 50.000 personas y el resultado final fue Dodgers 5, Yankees 1, Giants 0. Se consiguió recaudar más de 56 millones de dólares en venta de Bonos.

Toda esta campaña mediática se tradujo en un éxito de recaudación sin precedentes. Al final de la Segunda Guerra Mundial, 85 millones de estadounidenses habían comprado Bonos de Guerra sumando una cantidad total de 185.000 millones de dólares, muy por encima de las previsiones más optimistas del Gobierno norteamericano. Una suma de dinero increíble para ayudar a financiar la guerra que no ha podido ser aún igualada en la historia.

La Serie E de Bonos se continuó vendiendo hasta 1980 cuando fueron reemplazados por la nueva Serie EE. Según los últimos informes, se cree que a día de hoy existen todavía miles de millones de dólares en Bonos de Guerra que nunca fueron reclamados.

Bonos de Guerra Estados Unidos - Segunda Guerra Mundial

War Bonds - Segunda Guerra Mundial

War Bonds - WWII

Stars Over America

 The Four Freedoms

Bugs Bunny - War Bonds

Superman War Bonds

Hollywood War Bonds

Bonos de Guerra WW2