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El pájaro elefante, el ave más pesada del mundo

Perteneciente a la familia Aepyornithidae (Epiornítidos) y conocidas habitualmente como ave elefante o pájaro elefante por su enorme tamaño, esta gigantesca especie de ave extinta es uno de los animales más enigmáticos que habitaron la isla de Madagascar. Unas aves no voladoras que en su momento fueron las aves más grandes del mundo, superando en tamaño a las avestruces actuales y a otras enormes aves extintas como el Moa de Nueva Zelanda.

Tamaño pájaro elefante - Aepyornithidae
Debido a su gran envergadura (en torno a los tres metros de altura), el pájaro elefante tenía además una enorme masa corporal que podía llegar a superar los 650 kilos de peso en el caso del Vorombe titan, la especie más grande del género, lo que convierten a este animal extinto en el candidato mejor posicionado para el título de el ave más pesada de la historia, o al menos que haya convivido con el ser humano.

Si bien el animal ya era bien conocido entre los nativos locales de Madagascar, no sería hasta mediados del siglo XIX cuando la especie sería catalogada y descubierta por la ciencia. En aquella época, varios marineros franceses consiguieron llevar a Francia varios gigantescos huevos de aves elefante, así como algunos fósiles, para que fueran estudiados.

Se concluyó que los Epiornítidos eran aves enormes cuya altura alcanzaba los 3 metros y tenían un peso promedio de 500 kg. Contaban con patas robustas y poderosas adaptadas para soportar su enorme peso. A pesar de su tamaño descomunal, estas aves eran relativamente ágiles en su hábitat terrestre. Su plumaje y otros detalles precisos sobre su apariencia siguen siendo aún materia de especulación debido a la falta de restos fósiles bien preservados para ser analizados.

Aspecto estimado del Ave elefante Vorombe Titan
Uno de los últimos géneros descritos de la especie es el Vorombe titan, el cual constituye la especie de ave más grande del mundo en su tiempo, con una altura de 3 metros y una masa corporal media de 640 kg, pudiendo incluso llegar a alcanzar los ejemplares más grandes de pájaro elefante los 860 kilos de peso.

Como especie endémica, el hábitat de aves elefante estaba restringido exclusivamente a Madagascar, una isla conocida por su biodiversidad única y especies endémicas. Estos gigantes vivieron en una gran variedad de entornos, desde bosques densos hasta áreas más abiertas, lo que sugiere una adaptabilidad notable a diferentes ecosistemas dentro de la isla.

Se cree que los pájaros elefante eran herbívoros, alimentándose de una dieta variada que incluía frutas, hojas, y semillas. Debido a su gran tamaño, probablemente desempeñaban un papel crucial en la dispersión de semillas, contribuyendo a la regeneración y mantenimiento de los ecosistemas de Madagascar. 

El tamaño de los huevos del pájaro elefante eran proporcionales a su tamaño, con más de 30 centímetros de diámetro y 12 kilos de peso, es decir, siete veces más grandes que los huevos de las avestruces actuales. Por ello, los científicos creen que los huevos del ave elefante son probablemente los huevos más grandes para cualquier especie que ha existido en el planeta, superando incluso los gigantescos huevos de dinosaurios.

La desaparición de los pájaros elefante es hoy en día un tema de intenso debate entre la comunidad científica. Si bien se estima que se extinguieron hace unos 1000 años, existen diversas noticias de avistamientos posteriores, así como registros oficiales en la isla de Madagascar donde se consideraba al ave elefante como un animal que vivía en algunas zonas aisladas de la isla en épocas tan tardías como el siglo XVIII

El gigantesco huevo de un ave elefante junto a un huevo de gallina
Varias teorías sugieren que la llegada de los humanos a Madagascar tuvo un impacto significativo en su declive, aunque otros factores como la caza, la destrucción de hábitats y la competencia por recursos podrían haber contribuido notablemente también a su extinción. 

Los restos de cáscaras de huevos de pájaro elefante encontrados en excavaciones arqueológicas, indican además que los humanos consumían sus huevos, lo que también podría haber afectado su capacidad para reproducirse.

El pájaro elefante es un recordatorio de la impresionante biodiversidad que una vez existió en nuestro planeta y de la fragilidad de los ecosistemas. Fue durante siglos el ave más grande y pesada del planeta que ha convivido con seres humanos, pero la propia intervención humana es probablemente la causa principal de su extinción.

Como curiosidad, si nos remontamos millones de años atrás en el tiempo, otras gigantescas aves extintas y animales voladores antepasados de las aves actuales, podrían haber superado en tamaño al pájaro elefante. Es el caso de conocidos ejemplares prehistóricos como el Gigantoraptor, el Hatzegopteryx o el Quetzalcoatlus, que de hecho se sitúan entre los animales más grandes que han existido en la Tierra.   

Esqueleto de un ave elefante

Comparación de algunas de las aves gigantes más grandes que han existido

El origen asiático de la raza humana

En la actualidad, la mayoría de antropólogos aceptan la teoría de que el origen del hombre moderno proviene de África, gracias a la serie de descubrimientos paleontológicos realizados en este continente durante años y las evidencias antropológicas halladas.

Evolución del ser humanoEntre estos grandes hallazgos destacan sin duda los restos fósiles encontrados en 1974 en Etiopía de la famosa "Lucy", un ejemplar de la especie Australopithecus afarensis de aproximadamente 3,5 millones de años de antigüedad y que es considerado uno de los ancestros del género "Homo".

La teoría de los orígenes africanos del ser humano es mayoritariamente aceptada por la comunidad científica, sin embargo existen también otras teorías que dan un punto de vista diferente sobre la evolución y el origen de los primeros "Homo Sapiens".

Una teoría alternativa es la denominada "teoría de Fuera de Asia" (Out of Asia theory), una teoría científica que sostiene que los humanos modernos surgieron por primera vez en Asia. Una hipótesis actualmente en declive debido a la aceptación de la teoría africana, pero que fue aceptada por la mayoría de los antropólogos hasta mediados del siglo XX, que daban preferencia a Asia sobre África, como el continente donde evolucionaron los primeros homínidos.

Libro de Charles Darwin - El origen de las especiesTras la aparición del pensamiento evolucionista con la publicación en 1859 del libro de Charles Darwin "El origen de las especies", a finales del siglo XIX la teoría de Asia comenzó a ganar muchos adeptos, proponiendo que el eslabón perdido se encontraba en Asia. Científicos como Ernst Haeckel, Eugene Dubois, Henry Fairfield Osborn o Roy Chapman Andrews pensaron que Asia era donde habían ocurrido los principales eventos de la evolución.

El biólogo evolucionista alemán Ernst Haeckel, situó en el sur de Asia el lugar real donde los primeros humanos habían evolucionado. Haeckel argumentó que los humanos estaban estrechamente relacionados con los primates del sudeste asiático y rechazó la hipótesis de Darwin sobre África.

Haeckel desarrolló posteriormente su teoría, y afirmó que el eslabón perdido se encontraba en el continente perdido de Lemuria, ubicado en el Océano Índico. El biólogo creía que Lemuria era el hogar de los primeros humanos, y que Asia era el hogar de los primeros primates, y por lo tanto Asia fue la cuna de la evolución de los homínidos. Según su teoría, Lemuria conectó Asia y África, lo que permitió la migración de los humanos al resto del mundo.

Por su parte, el paleoantropólogo holandés y también defensor de la teoría de fuera de Asia, Eugène Dubois, descubrió los restos esqueléticos del primer ejemplar de Homo erectus en Java en 1891, en las orillas del río Solo, Java Oriental (Indonesia). El hallazgo más tarde se conoció como "El hombre de Java" (Homo erectus erectus).

Descubrimientos de antepasados humanos en ChinaPosteriormente se descubrieron los restos fósiles del denominado "Hombre de Pekín" (Homo erectus pekinensis), una subespecie de Homo erectus propia de China, y que es considerado el primer "eslabón perdido" que justificaba la teoría de la evolución. Este hallazgo supuso una gran revolución, y hasta la década de 1930 muchos antropólogos comenzaron a considerar Asia como la cuna de la especia humana.

Entre los paleontólogos que creyeron que los humanos se originaron en Asia se encontraban Johan Gunnar Andersson, Otto Zdansky y Walter W. Granger. Los tres científicos fueron conocidos por visitar China y por su trabajo y descubrimientos al excavar el sitio arqueológico de Zhoukoudian, donde se hallaron los restos del llamado "Hombre de Pekín".

Salvo algunas excepciones, en realidad muy pocos de los primeros teóricos del origen humano visitaron Asia para comprobar si sus ideas eran válidas o no. Esto cambió en la década de 1920, cuando se llevó a cabo una expedición bien financiada en Asia llamada "Expediciones de Asia Central" (The Central Asiatic Expeditions). La expedición, dirigida por Roy Chapman Andrews, uno de los aventureros que inspiraron el personaje de Indiana Jones, visitó partes de Asia Central, incluidas China y Mongolia, en busca de los orígenes de la humanidad.

Junto con el geólogo y paleontólogo Henry Fairfield Osborn, la expedición de Roy Chapman Andrews encontró sin embargo otros hallazgos, como huesos de dinosaurios, fósiles de mamíferos prehistóricos, y los primeros nidos de dinosaurios llenos de huevos. Sus hallazgos y el relato de su expedición las documentó en el libro "The New Conquest of Central Asia" (La Nueva Conquista de Asia Central).

El explorador Roy Chapman AndrewsEn 1926 Andrews publicó también el libro "On the Trail of the Ancient Man" (Tras el rastro del Hombre Antiguo), donde se señala que el lugar de nacimiento de los humanos modernos se encontraría en Asia y que se había predicho décadas antes de que se llevaran a cabo las expediciones asiáticas.

Otro de los grandes defensores de la teoría de fuera de Asia en la época fue William Diller Matthew, quien también participó en las expediciones de Asia Central. La teoría de Matthew se basaba en el cambio climático, y afirmaba que los cambios cíclicos en el clima global, junto con la tendencia predominante de los mamíferos a dispersarse de norte a sur, explican los patrones geográficos de los mamíferos.

Según su teoría, los humanos y muchos otros grupos de mamíferos modernos evolucionaron primero en las áreas del norte del globo, especialmente de Asia central debido a las cambiantes circunstancias climáticas, afirmando por tanto que los orígenes de los homínidos estaban en Asia central, y que probablemente las mesetas altas del Tíbet eran la base de la evolución de los mamíferos.

A la teoría del origen asiático de la raza humana, se sumaron también notables científicos y paleontólogos como Davidson Black, William King Gregory, o Ralph von Koenigswald, quien encontró un muela del gigantesco primate Gigantopithecus blacki en Hong Kong, en 1935.

La teoría asíatica incluso se reforzó tras el fiasco del denominado "Hombre de Piltdown", el cual se creía que era el eslabón perdido y el ancestro del hombre moderno, pero resultó ser uno de los mayores fraudes arqueológicos de la historia.

Sin embargo la teoría fuera de Asia empezó a caer en declive, cuando el antropólogo Franz Weidenreich fusionó la hipótesis de Asia con el origen multirregional de los humanos modernos (Poligenismo).

Lucy, el primer homínido en caminar erguidoA pesar de ello, la teoría se ha seguido manteniendo vigente con el paso de los años, especialmente gracias a algunos descubrimientos en la década de 1980 de géneros extintos de primates como el "Dryopithecus" y el "Ramapithecus".

Actualmente, las dos teorías sobre el origen de los humanos modernos mayoritariamente aceptadas son la hipótesis multirregional, y la hipótesis africana o Teoría desde África (Out of Africa theory).

El origen africano de la raza humana es la teoría que más científicos y paleontólogos apoyan, gracias a descubrimientos como el de "Lucy" en 1974; o el hallazgo en 2013 en Etiopía de un fragmento fosilizado de una mandíbula inferior con cinco dientes con una antigüedad de unos 2,8 millones, que es considerado el primer miembro del género Homo. (Early Homo at 2.8 Ma from Ledi-Geraru, Afar, Ethiopia)

Sin embargo los nuevos descubrimientos de los últimos tiempos han hecho que las teorías de la evolución habitualmente aceptadas por la comunidad científica tengan que ser revisadas.

En 2017 se descubrió en Marruecos los restos fósiles del ejemplar de Homo Sapiens más antiguos que se conocen, datándose de hace 315.000 años, siendo por tanto 100.000 años más antiguos que el primer Homo Sapiens hallado hasta entonces. (New fossils from Jebel Irhoud, Morocco and the pan-African origin of Homo sapiens)

Además, en 2017 se hallaron en California restos arqueológicos de utensilios con cerca de 130.000 años de antigüedad, una especie de homínidos que vivió en América del Norte 115.000 años antes de lo que se pensaba, ya que hasta ahora se estimaba que el primer ser humano llegó a América hace 15.000 años. El estudio fue publicado por la revista científica Nature: "Archaeology: Unexpectedly early signs of Americans".

Lo cierto es que la evolución del ser humano y el origen de lo que denominamos "humanos modernos", sigue siendo objeto de debate entre la comunidad científica, y los nuevos hallazgos y estudios nos obligan a revisar las teorías que hemos dado por válidas durante años. Estos descubrimientos también nos van acercando a desvelar uno de los grandes misterios de la humanidad, conocer su origen.

Mapa de la migración y evolución de los humanos modernos

El gigante de Castelnau

Se conoce como el Gigante de Castelnau a un misterioso hallazgo realizado en 1890 por el antropólogo francés Georges Vacher de Lapouge en el túmulo de una tumba neolítica. Lapouge halló tres enormes fragmentos de huesos fosilizados que podrían pertenecer al ser humano más grande que ha existido.

Esqueletos humanos gigantesA partir del tamaño de los huesos se estimó que este gigante podría haber llegado a medir 3,5 metros de altura, casi un metro más de altura que quien es considerado el hombre más alto de la historia que se ha podido documentar, Robert Pershing Wadlow (con 2,72 metros).

Los tres fragmentos óseos (húmero, tibia y fémur) fueron descubiertos por el antropólogo Georges Vacher de Lapouge en el cementerio de la Edad del Bronce de Castelnau-le-Lez, Francia, en el invierno de 1890. Su hallazgo lo publicó en la revista científica "La Nature" (disponible online la publicación original en francés: "La Nature vol. 18, 1890 Número 888").

Los huesos fueron datados del período Neolítico ya que se encontraban en la parte inferior del túmulo sepulcral de la Edad de Bronce. La altura de este gigante se estimó en 3,5 metros y probablemente más de 400 kilos de peso. En la propia publicación de "La Nature" se incluyó una fotografía de los tres huesos del gigante comparados con un húmero de un tamaño normal en el centro.

Huesos Gigante de CastelnauEn su artículo, el antropólogo describe los huesos en detalle: "Creo innecesario hacer notar que los huesos son indudablemente humanos a pesar de su gran tamaño [...]. El primero es la parte media del eje de un fémur, de 14 centímetros de largo, de forma casi cilíndrica y con una circunferencia de hueso de 16 centímetros [...]. 

La segunda pieza es la parte media y superior del eje de la tibia ... con una circunferencia de de 13 centímetros y una longitud del fragmento de 26 centímetros [...]. 

El tercer hueso es muy singular, siendo considerado por buenos anatomistas como la parte inferior de un húmero [...]. Los volúmenes de los huesos eran más del doble de las piezas normales. A juzgar por los intervalos habituales en los puntos anatómicos, implican longitudes también casi dobles [...]. El sujeto habría sido de un tamaño probable de 3,50 metros".

El fémur de un hombre normal representa generalmente el 27% de su estatura completa, siendo también las estimaciones de altura más precisas las basadas en el tamaño del fémur. Si la longitud total de este fémur gigante era de 83 centímetros, el tamaño total del esqueleto superaría los 3 metros, a los que habría que añadirle varios centímetros de carne. En base a estas proporciones, Lapouge estimó finalmente que el gigante de Castelnau representaba una anomalía humana de 3,5 metros de altura. La persona más grande de la historia.

Comparación tamaño cráneo humano gigante vs cráneo normalEn el mismo cementerio de Castelnau, Lapouge encontró también la base de una calavera perteneciente a un joven de 18 años. Según su descripción, se trataba de un cráneo de grandes dimensiones, superando el individuo fácilmente los 2 metros de altura a pesar de su edad y sin haber llegado a desarrollarse por completo. En el mismo artículo de "La Nature" comenta también este hallazgo y menciona el descubrimiento de otros huesos gigantescos que se reportaron en Lozere (150 kilómetros al norte de Castelnau), sin embargo no habían sido aún confirmados en el momento de escribir su artículo.

Los huesos del gigante de Castelnau fueron estudiados y examinados posteriormente en la Universidad de Montpellier por M. Sabatier, profesor de zoología de la Universidad de Montepellier y por M. Delage, profesor de paleontología de la misma Universidad, además de por otros anatomistas.

Comparación tamaño huesos gigante Castelnau - húmero humano normalEn 1892 los huesos fueron también estudiados por el Doctor Paul Louis André Kiener, profesor de anatomía patológica en la Facultad de Medicina de Montepellier, quien concluyó que se trataba de una raza humana "muy alta", aunque los encontró de dimensiones anormales y aparentemente de un crecimiento inusual que calificó como "mórbido". El descubrimiento de los huesos en Castelnau y la investigación de Kiener fue publicada en en el periódico "London Globe" y apareció en una nota de prensa de "The New York Times" en octubre de 1892. Preguntado por la posible existencia de una antigua raza de gigantes, Kiener indicó que no tenía suficientes evidencias para llegar a esa conclusión.  (A Race of Giants in Old Gaul - The New York Times)

Poco después del sorprendente hallazgo de los restos fósiles del gigante de Castelnau, en 1894 varios informes de prensa mencionaron un nuevo descubrimiento de huesos gigantes de humanos que habían sido desenterrados en un cementerio prehistórico situado en Montpellier, Francia (situado a cinco kilómetros de Castelnau), cuando los trabajadores estaban excavando un depósito de agua.

Noticia hallazgo huesos humanos gigantes en Montpellier - Oelwein Register 8 de Noviembre 1894Los cráneos hallados tenían unas dimensiones enormes, de entre 28 y 32 pulgadas de circunferencia (entre 71 y 82 centímetros). También se reportaron huesos de proporciones gigantescas que indicaban que pertenecían a un raza de hombres de entre 10 y 15 pies de altura (entre 3 y 4,5 metros), unos auténticos gigantes humanos que harían replantearse muchos mitos sobre esta legendaria raza.

Sin embargo, a partir de este punto los hallazgos se rodean de misterio, ya que éstos últimos huesos fueron enviados a la Academia de ciencias de París para su estudio y no existe más información sobre ellos.

Hay también reportes de más hallazgos de fémures gigantes y restos óseos humanos de tamaños descomunales a principios del siglo XX en el norte de España, la zona de los Pirineos y en varias zonas de Francia. Sin embargo ninguno de ellos se ha investigado en profundidad y no se ha podido determinar si se trata de anomalías puntuales, exageraciones en las mediciones, un simple fraude o verdaderos humanos gigantes del Neolítico que, a pesar de su tamaño, han pasado de puntillas por la historia.

Más de un siglo después del descubrimiento del Gigante de Castelnau, la ciencia ha dejado olvidado este increíble hallazgo y otros similares en las zonas cercanas. Hasta hoy, aún no se ha publicado ningún estudio moderno sobre los supuestos fragmentos óseos gigantes de Castelnau.

Gigante de Castelnau comparado con un hombre de tamaño medio

La Guerra de los Huesos en el Salvaje Oeste

A finales del siglo XIX, en el todavía "Salvaje Oeste" americano, se producía una gran búsqueda muy diferente a las que habían realizado los buscadores de oro durante las sucesivas fiebres del oro (la más destacada de ellas, la Fiebre del Oro de Californa, entre 1848 y 1855). Se comenzaron a descubrir en esa parte Estados Unidos, restos fósiles de especies aún desconocidas. Esto desencadenó la denominada "Gran Fiebre del dinosaurio" (Great Dinosaur Rush) cuyos máximos protagonistas fueron Edward Drinker Cope y Othniel Charles Marsh.

Guerra de los huesos - Cope y MarshEstos dos paleontólogos, se trasladaron ante las noticias al oeste americano en busca de huesos, entrando en una disputa personal entre ambos en la que usaron todo tipo de artes y maniobras para desprestigiarse mutuamente. Se la conoció como la Guerra de los Huesos por este motivo y aunque tanto Cope como Marsh quedaron arruinados y con una reputación social muy mermada, su contribución a la paleontología y a la ciencia es indiscutible.

Gracias a ambos, entre 1877 y 1892, descubrieron y se pudieron catalogar cerca de 140 nuevas especies de dinosaurios.

Edward Drinker Cope se crió en el seno de una rica e influyente familia de Filadelfia. Tras estudiar en la Universidad de Pensilvania, fue profesor de ciencias naturales en el Colegio Haveford y acabó sus días como profesor de geología y paleontología por la Universidad de Pensilvania. Othniel Charles Marsh procedía de una familia humilde de LockPort (Nueva York). Se formó en la Universidad de Yale y gracias a su tío, un conocido filántropo al que convenció para que fundara el Museo de Historia Natural de Yale, fue nombrado director del Museo.

Excavación en busca de fósiles de dinosaurios en el oeste de EEUUCon orígenes distintos, su pasión por la paleontología los unía y durante un tiempo fueron amigos, colaborando juntos en las investigaciones. Sin embargo esta colaboración mutua no duró mucho y en una de las primeras expediciones que realizaron a unos pozos de Nueva Jersey comenzaron a acusarse de errores en la reconstrucción de los huesos encontrados y de sobornar a los operarios de los pozos.

A principios de 1870 su rivalidad se acentuaría cuando comenzaron a llegar noticias de grandes descubrimientos fósiles en el oeste de Estados Unidos, dando comienzo propiamente a la denominada "Guerra de los Huesos" (Bones War).

Cope entró a trabajar en el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) a las órdenes de Ferdinand Vandeveer Hayden, un reputado geólogo estadounidense. Se trasladó a Wyoming a hacer prospecciones y rápidamente entró en disputas también con Joseph Leidy, un paleontólogo que trabajaba para Hayden en la misma zona.

Agathaumas sylvestrisA pesar de ello, Cope estaba decidido a seguir con sus investigaciones y siguió la pista de unos huesos que habían sido descubiertos por Fielding Bradford Meeken en una zona conocida como Black Butte, en el suroeste de Wyoming. Allí, en 1872, Cope halló los restos fósiles de un animal que denominó Agathaumas sylvestris (maravilloso morador de los bosques). Hasta ese momento, el mayor animal terrestre que se había descubierto.

Mientras en 1872 los descubrimientos de nuevas especies continuaban, se produjo otro enfrentamiento entre Cope y Marsh que terminó por finiquitar las posibilidades de reconciliación entre ambos. Cope ya no contaba con el respaldo del USGS ni de Hayden y tuvo que contratar un equipo de su trabajo pagándolo él mismo. Poco después descubrió que dos de sus hombres trabajan también para Marsh. Uno de ellos envió parte de los fósiles a Cope por error, cuando éste los recibió se los envió de nuevo a Marsh, sin embargo el incidente tensó aún más la relación.

Se estaban descubriendo una gran cantidad de nuevas especies por lo que por falta de tiempo y para que se les otorgara el descubrimiento rápidamente, los paleontólogos enviaban telegramas donde describían de manera breve sus hallazgos para posteriormente desarrollar y completar sus investigaciones. Varias las especies encontradas eran las mismas, sin embargo, en muchos casos la nomenclatura y clasificación que les otorgó Marsh fue la que se consideró correcta, quedando Cope humillado por su rival.

Marsh con el jefe indio Nube RojaEn 1873, Marsh realizó la que sería su última expedición de campo, a partir de entonces contrataría recolectores locales para que le enviasen a él los huesos para estudiarlos. Se trataba de un viaje patrocinado por Yale al que fue acompañado de un grupo de estudiantes (que se tuvieron que costear el viaje por si mismos) y un grupo de soldados para hacer una demostración de fuerza por parte del Gobierno estadounidense frente a la tribu de los Sioux, presentes en la zona.

Marsh se intentó ganar el favor del jefe de la tribu de los Sioux "Nube Roja", prometiéndole dinero a cambio de los fósiles encontrados y de interceder en Washington a favor de los indios y del trato que recibían. Marsh acabó huyendo en un tren con vagones llenos de fósiles cuando era atacado por la tribu Lakota (parte de los Sioux). Al llegar a Washington cumplió su promesa e intercedió ante el Departamento de Estado en nombre de "Nube Roja".

Cope por su parte dejó de trabajar oficialmente para Hayden y recolectó huesos por su cuenta durante esos años. En 1875 ambos paleontólogos habían acumulado tal cantidad de nuevos fósiles que decidieron detener sus búsquedas para poder investigar y clasificar sus hallazgos. El "descanso" no duraría mucho ante las noticias de nuevos descubrimientos en el oeste.

Expedición de MarshEn 1877, el profesor Arthur Lakes se encontraba haciendo senderismo en unas montañas situadas cerca del pueblo de Morrison (Colorado), cuando descubrió un grupo de enormes huesos. Lakes envió una carta y una muestra de los huesos a Marsh, informándole del descubrimiento. Sin embargo, ante la tardanza de Marsh en contestar, envió también otra a carta a Cope junto con otra remesa de huesos.

Finalmente Marsh contestó a Lakes indicándole que guardara el secreto del descubrimiento y pagándole por sus servicios, envió también a uno de sus hombres de confianza para asegurarse de que Lakes trabajara para él. Marsh acabó publicando el hallazgo en el "American Journal of Science", mientras Lakes escribía una carta a Cope informándole de que los nuevos huesos serían para Marsh. Cope, agraviado de nuevo, no llegó tampoco a publicar su interpretación sobre los huesos que había recibido de Lakes.

Cope se resarciría poco después. La siguiente carta procedente del oeste con nuevos descubrimientos iba dirigida exclusivamente a Cope. El naturalista O. W. Lucas, descubrió un grupo de fósiles en Cañon City (Colorado) mientras estaba recolectando plantas. Tras recibir las muestras, Cope aseguró que se trataba de herbívoros muy grandes, los mayores fósiles que se habían descubierto hasta entonces. Cuando se enteró del hallazgo Marsh, intentó abrir una nueva cantera cerca de Cañon City, sin embargo Lucas se mantuvo fiel a Cope trabajando para él, y Marsh abandonó la idea.

Excavación de dinosaurios en Como BluffPor esas fechas, la cantera que Marsh tenía en Morrison para extraer huesos colapsó y a punto estuvo de matar en el derrumbe a los trabajadores. Cuando parecía que Marsh estaba cerca de quedarse fuera en la carrera por hallar los mejores fósiles, le llegó una carta informando de nuevos restos fósiles que se estaban extrayendo en Como Bluff (Wyoming).

Dos trabajadores de la Union Pacific Railroad que se identificaron como Harlow y Edwards (sus nombres reales eran Carlin y Reed), afirmaban haber descubierto un buen número de fósiles en Como Bluff mientras se construía la línea del ferrocarril en la zona. Marsh envió rápidamente al lugar a Williston, uno de sus estudiantes, quien le confirmó que la historia era cierta y que varios hombres de Cope se hallaban ya por el lugar. Marsh envió dinero a los dos hombres para que trabajaran para él y le enviaran los nuevos descubrimientos, poco después los contrató con un sueldo fijo. Carlin y Reed enviaron numerosos fósiles a Marsh durante todo 1877 y a finales de año, Marsh publicaba un artículo en la revista American Journal of Science, donde describía y descubría al mundo algunos de los dinosaurios más conocidos hoy en día como el Diplodocus, el Stegosaurus o el Allosaurus.

Los rumores sobre los descubrimientos en Como Bluff rápidamente se extendieron a pesar de los intentos de Marsh por mantenerlos en secreto, llegando hasta oídos de Cope, quien contrató ladrones de fósiles para robar algunos de los huesos que extraía Marsh. Carlin, descontentó con Marsh, empezó a trabajar para Cope en enero de 1878, Reed por su parte siguió trabajando para Marsh.

Placa en Como Bluff recordando la Gran fiebre del dinosaurioEstas excavaciones paleontológicas en Como Bluff duraron varios años, hasta principios de la década de 1890. Durante ese tiempo, Cope y Marsh financiaban de su propio bolsillo las excavaciones, recolectando fósiles durante el verano que luego estudiaban y clasificaban en invierno. Toneladas de fósiles fueron enviados en trenes hacia el este.

Aunque se seguían descubriendo una gran cantidad de fósiles, a medida que avanzaba la década de 1880, las duras condiciones de trabajo y los continuos sabotajes entre los grupos de trabajo de Cope y Marsh afectó en gran medida a sus trabajadores que empezaban a estar hartos de la situación (en una ocasión llegaron incluso a pelearse a pedradas entre ambos equipos rivales).

Lakes, enviado por Marsh a Como Bluff, dimitió al poco tiempo por sus constantes roces con Reed. Un hombre llamado Kennedy, que iba a ser el sustituto de Lakes, fue contratado por Marsh pero la situación no mejoró y varios de los hombres de Marsh acabaron abandonando. Por si fuera poco, a esta Fiebre del dinosaurio se sumaron más interesados como el ingeniero y profesor Alexander Agassiz. Carlin y Frank Williston (hermano de uno de los hombres de confianza de Marsh), fundaron su propia empresa, vendiendo los huesos fósiles al mejor postor. Reed acabó abandonando a Marsh en 1884.

Edward Drinker Cope junto a uno de sus fósiles halladosA Cope no le iba mucho mejor, ya que cada día encontraban menos huesos nuevos y también varios de sus hombres decidieron marcharse. A pesar de las dificultades por las que estaba pasando Marsh, tenía todavía más canteras en funcionamiento que Cope. Ambos eran muy protectores con sus yacimientos y cuando cerraban alguna de las canteras, destruían los restos fósiles pequeños o dañados para que no cayeran en manos de su rival.

Antes de acabar la década de 1880 la denominada "Guerra de los Huesos" entre Cope y Marsh dejó de atraer la atención de los medios de comunicación, el "Salvaje Oeste" ya no interesaba al público. Gracias a sus contactos, Marsh consiguió un puesto en el Servicio Geológico de Estados Unidos que le permitía seguir trabajando en su pasión, alejado del foco mediático. Cope por su parte estaba casi arruinado e invirtió en prospecciones de oro y plata en el oeste para buscar fósiles él mismo. Finalmente entró en la Universidad de Pensilvania como profesor.

El estudio de Edward Drinker Cope en 1897La rivalidad entre ambos científicos llegó casi hasta sus últimos días. Durante años, Cope había mantenido un diario donde iba recopilando los errores cometidos por Marsh, y a través de un periodista de Nueva York denominado William Hosea Ballou, publicó varios artículos en la prensa atacando a Marsh. Si bien la comunidad científica y el público en general conocían la rivalidad de Marsh y Cope, estos artículos fueron un duro golpe para su imagen, la conducta de ambos científicos se calificó de vergonzosa.

Cope acusó a Marsh a través de Ballou en un artículo publicado en el New York Herald, de plagio y de malversar los fondos públicos del Servicio Geológico. Sin embargo la jugada no le salió bien a Cope, ya que otros periódicos como The Philadelphia Inquirer pidieron a la Universidad de Pensilvania que despidiera a Cope si no presentaba pruebas que demostraran la acusación. La historia no llegó a más y no llegó a celebrarse ningún juicio para investigar la supuesta malversación.

Aunque el prestigio de los dos científicos había quedado muy dañado tras tantos años de hostilidades, ambos fueron también reconocidos por su labor. A principios de 1890, Cope fue nombrado profesor de zoología y elegido presidente de la American Association for the Advancement of Science. Marsh recuperó parte de su prestigio a finales de la década, cuando consiguió la Medalla Cuvier, uno de los galardones paleontológicos más importantes que existen.

Última imagen de Cope en 1897Con ambos paleontólogos ya prácticamente arruinados, su rivalidad duró hasta la muerte de Cope en 1897. En sus últimos años de vida, Cope estaba sufriendo una enfermedad y tuvo que vender parte de su colección de fósiles para poder subsistir. Marsh acabó hipotecando su casa, sobreviviendo gracias al sueldo que recibía de la Universidad de Yale. Se cree que Marsh se gastó más de 200.000 dólares (de la época) en su búsqueda de fósiles.

Poco antes de morir, Cope lanzó su último desafío a Marsh. Donó su cráneo a la ciencia para que midieran su cerebro, esperando que fuera mayor que el de su rival (lo que por aquella época se consideraba un síntoma de mayor inteligencia). Marsh sin embargo no aceptó el desafío, falleciendo poco después, en 1899.

La Guerra de los huesos entre Mars y Cope dejó un legado de un valor científico incalculable. A Marsh se le otorga el descubrimiento de 80 nuevas especies de dinosaurios, mientras a Cope de "únicamente" 56 especies. Entre ellas, se encuentran varios de los dinosaurios más conocidos como el Triceratops, Stegosaurus, Allosaurus, Diplodocus, Camarasaurus o el Apatosaurus (conocido como Brontosaurus hasta 1974). La teoría de Marsh de que los pájaros descienden de los dinosaurios también parece haberse confirmado con el tiempo.

Stegosaurus reconstruido por Marsh y publicado en American Journal of ScienceSin embargo no todo fue positivo, la reputación de la paleontología en Estados Unidos quedó muy dañada por esta rivalidad y por ciertas prácticas como el uso de dinamita para abrir las canteras y poder desenterrar los huesos más rápidamente.

En su intento por superar a su rival, los dos científicos reconstruyeron algunas especies de forma errónea, lo que llevó a algunas confusiones que tuvieron que ser corregidas durante las décadas posteriores.

En todo caso, la Gran Fiebre del dinosaurio sirvió sin duda para atraer la atención del gran público al mundo de los dinosaurios. Se llenaron portadas de periódicos, artículos de revistas, se abrieron nuevos museos por todo el mundo y aún hoy, nos seguimos sorprendiendo con cada descubrimiento que se produce de algunos de los animales más grandes que han existido en la Tierra.

La guerra de los huesos en el salvaje oeste- Cope y Marsh

Guerra por los fósiles de dinosaurios entre Cope y Marsh

Fraudes arqueológicos en la Historia

A lo largo de la historia de la humanidad el hombre ha intentado explicar y comprender su propia historia a través de la Arqueología . Sin embargo , el afán de protagonismo , la búsqueda de reconocimiento y el dinero que implica un gran descubrimiento , han contribuido a que en algunos casos se produzcan errores al interpretar los hallazgos y en otro casos se ha tratado de simples fraudes para adquirir fama.

Mapa de VinlandAlgunos de los ejemplos mas claros son el puño del Coloso de Rodas o los descubrimientos vikingos en América.

En julio de 1987 se descubrió en aguas del puerto de Rodas una piedra de una tonelada que semejaba un puño y que fue considerado un fragmento del mítico Coloso de Rodas, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Finalmente, resultó ser una simple roca arañada por una draga portuaria.

Los descubrimientos vikingos en América son un caso aparte , ya que sólo algunos se han demostrado falsos y entre los considerados falsos siguen contando con defensores que creen en su autenticidad como el caso del mapa de Vinlandia ( llamado el descubrimiento cartográfico más emocionante del siglo ).

Mapa de VinlandEl mapa fue dado a conocer públicamente en 1965, después de cinco años de estudios del Museo Británico y la Universidad de Yale .

Se trata de un plano medieval en pergamino en el que además de Islandia y Groenlandia figura Vinlandia, el lugar de Norteamérica en el que recalaron, según las crónicas, los vikingos. La falsificación, realizada en 1922, era perfecta: incluso se había insertado el mapa entre dos colecciones de pergaminos medievales auténticos, la Hystoria tartarorum y el Speculum ffistoriale, con picaduras de insectos que coincidían.

El asunto se descubrió merced a un análisis espectográfico de la tinta: contenía un producto químico moderno. El falsificador era un profesor de historia yugoslavo, Luka Jelic, despechado porque nadie daba crédito a sus teorías.

Vamos a ver en detalle alguno de los fraudes mas conocidos de la historia de la arqueología .

Las pinturas rupestres de Zubialde


La historia comienza en abril de 1990 . Serafín Ruiz Selfa , estudiante de historia aficionado a la espeleología , supuestamente se encontró en las inmediaciones del monte Gorbea, en la parte de Álava, con la entrada de una cueva que supuestamente había permanecido oculta hasta entonces. Se internó y se topó con la gran sorpresa: pinturas rupestres de todo tipo, desde un mamut hasta rinocerontes lanudos pasando por símbolos, manos, cabras y bisontes. Los dibujos se conservaban en un perfecto estado y constituían un hallazgo prehistórico fabuloso, a la altura de Altamira o Lascaux, se dijo. La caverna pasó a llamarse Zubialde, por la proximidad del río del mismo nombre .

Pinturas rupestres ZubialdeRuiz presentó su descubrimiento a la Diputación de Álava, que se frotó las manos. El entonces diputado general, Alberto Ansola calificó el hallazgo de "santuario rupestre" ( se llegó a denominar desde la Diputación alavesa como la "capilla sixtina del arte rupestre" ) . La recompensa para Ruiz ascendió a 12,5 millones de las antiguas pesetas. Varios antropólogos vascos concluyeron que las pinturas tenían 13.000 años de antigüedad ( período Magdaleniense ) .

Tres profesores vascos de arte prehistórico, Jesús Altuna, Juan María Apellániz e Ignacio Barandiarán, presentaron en agosto de 1992 un informe sobre la cueva, calificado por los expertos como el estudio "más importante que se ha realizado en el mundo sobre unas pinturas", en el que participaron los laboratorios del museo del Louvre y miembros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas .

El semanario "The European" publicaba diez días después de la rueda de prensa un artículo de los arqueólogos Jill Cook del Museo Británico y Peter Ucko de la Universidad de Southampton, que se habían dado cuenta nada más ver las fotografías publicadas en los periódicos que aquel hallazgo era un fraude . Decían que los mamuts y rinocerontes representados en Zubialde habían desaparecido del sur de Europa miles de años antes de que pudieran ser pintados por algún hombre y que habían otros detalles anacrónicos como unos dibujos en perspectiva que tampoco podían ser de esa época . Meses después, otros científicos españoles llegaban a la misma conclusión.

Pinturas rupestres Zubialde
El presidente de la Asociación internacional de arte rupestre, Jean Clothes, disculpó que en un primer momento se dieran las pinturas como antiguas porque era "la mejor falsificación de la historia" que había visto .
En definitiva, aquel hallazgo era un completo fraude.

Los análisis demostraron que la mayoría de las pinturas, 102 en total, fueron realizadas en los meses anteriores al descubrimiento, y el resto presentaban tal cantidad de paralelismos con las anteriores que parecían realizadas también en época muy moderna.
Los profesores consideraron que el falsificador poseía un gran conocimiento del arte prehistórico y además utilizó los mismos materiales que los hombres de aquella época, es decir, pigmentos naturales ocres y manganesos, mezclados con agua.
Los expertos expusieron varias pruebas "corrientes" de la falsificación "aparte de los análisis de laboratorio". Así, se detectaron incrustados en las pinturas restos como patas de araña o de insectos, que no se pueden conservar miles de años.

Pinturas rupestres ZubialdeTambién se comprobó que el artista había pintado a las cabras montesas con cola larga, algo que no hubiera hecho jamás un hombre prehistórico, que las veía todo el día, o pintó las defensas del mamut por delante de la trompa, cuando salían por detrás.

Uno de los datos que más se destacó una vez conocida la farsa de las pinturas fue que se habían encontrado restos de estropajo de cocina en las pinturas, a las que el falsificador había frotado para dar sensación de gastadas , parece ser que Sacaron hasta las marcas, Vileda y Scotch Brite .

La policía vasca que se encargó del estudio de las fotografías que había aportado Serafín, descubrió que habían sido retocadas. Ni siquiera lo había hecho mediante algún medio digital, había falsificado aquellas fotos con un sencillo rotulador.

Los autores del informe definitivo no quisieron acusar al descubridor de las cuevas de haber sido el falsificador, pero el Tribunal Supremo le ordenó en octubre de 2000 devolver a la Diputación de Álava los doce millones y medio de pesetas que le había entregado por su "descubrimiento".

El hombre de Piltdown


En una cantera cercana a Piltdown (un pequeño pueblo de Sussex, Inglaterra ) , un trabajador encontró un hueso que llevó a Charles Dawson, un abogado y arqueólogo aficionado. Se trataba de un fragmento de parietal humano, de color oscuro. Más tarde, el propio Dawson recogió en el mismo lugar otro fragmento mayor, perteneciente a un hueso frontal.

Excavación PiltdownEnseguida, Dawson puso en conocimiento de lo ocurrido a Arthur Smith Woodward, un eminente paleontólogo, quien inmediatamente comprendió el interés del hallazgo. En el verano de 1912 se llevaron a cabo nuevas exploraciones del terreno, asumiendo que los obreros, en el curso de sus trabajos, habían roto un cráneo y dispersado los pedazos. Entre Dawson y Smith Woodward encontraron otras partes del mismo cráneo (incluso la mandíbula) además de restos de animales y algunas piedras talladas .

El 18 de diciembre de 1912, Charles Dawson y Smith Woodward presentaron su descubrimiento a la Sociedad Geológica de Londres. Smith Woodward reconstruyó el cráneo como quien arma un rompecabezas en el que faltan varias piezas.
Consideró que se trataba de una forma muy primitiva, de alrededor de 500 mil años de antigüedad, y le dio el nombre de su descubridor, Eoanthropus dawsonii (Hombre de la Aurora de Dawson).

Charles DawsonLa prensa inglesa recogió en primera plana la noticia: el Hombre de Piltdown era el eslabón perdido en el proceso evolutivo de la Humanidad . En aquellos años, los restos fósiles de homínidos se reducían a algunos restos de Neanderthal y de Cro-Magnon, que claramente estaban mucho más próximos al hombre moderno que el cráneo hallado en Piltdown.

Sir Arthur Keith, que era por entonces el principal experto en anatomía del Colegio de Cirujanos de Londres, consideró que el cráneo estaba mal reconstruido. Pensaba que su capacidad debía ser mayor de los 1.070 c. c. que se le habían asignado y que debía parecerse más a, como él mismo dijo, "un burgués de Londres". Keith hizo su propia reconstrucción utilizando moldes de los fragmentos, obteniendo un volumen de 1.500 c. c.

Hombre de PiltdownEn 1913, Dawson llevó al yacimiento al que sería con el tiempo un filósofo y paleontólogo célebre, el jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin, quien estudiaba por entonces en el vecino seminario de Hastings. Ambos hallaron un canino que fue atribuido al fragmento de maxilar hallado anteriormente, y que reforzó los caracteres simiescos que se le atribuían. Posteriores exploraciones del yacimiento, en 1915, pusieron al descubierto fragmentos pertenecientes a los cráneos de otros dos individuos .

Estos restos fueron aceptados por la comunidad científica sin mayores análisis, debido principalmente a que era perfecto e idéntico a la idea de aquella época sobre el eslabón perdido. La idea de esa época era que el eslabón tenía que haber tenido un gran cerebro pero igualmente presentar rasgos simiescos, y posteriormente haber evolucionado a una apariencia humana .

No obstante, comenzaron a surgir cada vez más interrogantes sobre la antigüedad y el origen de esos restos. El paleontólogo francés Boule dijo lo evidente: era una "asociación paradójica". El Hombre de Piltdown tenía un cerebro extrañamente moderno en un cuerpo muy primitivo.

Piltdown
Las principales dudas provenían del resto de la comunidad cientifica , se iban haciendo descubrimientos en paleontología , por ejemplo en la década de los 20 llegaron noticias del descubrimiento en Sudáfrica de los Australopithecus, antepasados del hombre en los que se advertía que la mandíbula y los dientes se hacían "humanos" más rápido que el cráneo , los paleoantropólogos británicos negaron que los fósiles sudafricanos fueran algún antepasado del hombre, sin embargo , a medida que nuevos descubrimientos se hacían en todo el mundo, se volvía más y más evidente que el hombre de Piltdown no encajaba en ninguna parte.

 
Un dentista y arqueólogo aficionado de Clapham, Alvan T. Marston, descubridor del fósil de Swanscombe, se dedicó a estudiar a fondo los materiales hallados por Dawson y Smith Woodward, que estaban en el Museo Británico de Historia Natural. En la primavera de 1936 llegó a la conclusión de que el canino de la mandíbula de Piltdown pertenecía a un mono. Se basó en la forma de la raíz: mientras la raíz del canino humano es derecha, la del Hombre de Piltdown era curva. Estudió también los caninos de los restos de Homo Erectus hallados en Choukoutien, China, y pudo ver que todos tenían las raíces rectas. La abrasión excesiva del diente indicaba una dieta y una función propia de un mono. Marston consideró que se trataba de la mandíbula de un chimpancé, algo sospechado por el paleontólogo Ales Hrdlicka.

Sello Hombre de PiltdownEn julio de 1936, Marston publicó en el British Dental Journal un artículo en el que afirmaba que aquella mandíbula era de un animal. Ese año reiteró su hipótesis en la Royal Society of Medicine y en el Journal of the Royal Anthropological Institute. Marston además llamó la atención sobre el color chocolate de la mandíbula de Piltdown, que atribuyó a que había sido tratada con una solución conservadora de bicromato, y que el color original de aquel hueso había sido gris.

Como consecuencia de estas indagaciones, otro científico tuvo la idea de efectuar un examen microscópico de la dentición de los restos de Piltdown.

El estudio reveló la presencia de finas marcas de raspado, que sugerían la aplicación de un instrumento abrasivo. Además había una notable diferencia entre el contenido de flúor entre el cráneo y la mandíbula. La conclusión fue que la mandíbula era moderna y el cráneo mucho más antiguo.

Al perforar la mandíbula de Piltdown se vio que el color, que se había atribuido a la impregnación por hierro, era superficial, y originado en el bicromato potásico con que fue tratado artificialmente el hueso. En conclusión, la mandíbula era de un orangután y el canino había sido añadido posteriormente. La aplicación de hierro y bicromato había sido hecha para obtener el mismo color del cráneo. En 1953 se asumió oficialmente que el Hombre de Piltdown era un fraude magistral . Uno de los más grandes fraudes en la historia de la paleoantropología , porque se creyó verdadero durante cuarenta y cinco años .

Nadie sabe quién perpetró el fraude, y algunos lo atribuyen a los descubridores originales, señalando sobre todo a Dawson, motivado por el hecho de que en las islas británicas no había sido descubierto ningún fósil humano, mientras que en el resto de Europa y fundamentalmente en África sí. Noticia descubrimiento Hombre de Piltdown
Sin embargo, el profesor Douglas dejó a su muerte una cinta magnética en la que señalaba que el autor de la falsificación fue el archifamoso profesor Sollas, que pretendía con ello desprestigiar a su rival Woodward .

Los fundamentalistas cristianos afirmaron que se trató de una conspiración científica para hacer aceptable la idea de la evolución humana (estos grupos creen que la narración bíblica de la Creación debe ser interpretada literalmente). El renombrado científico y divulgador norteamericano Stephen Jay Gould puso el foco en Dawson y Teilhard de Chardin. Otros sospechosos son Arthur Smith Woodward, su adversario el zoólogo Martin A. C. Hinton y hasta Sir Arthur Conan Doyle, el autor de los relatos de Sherlock Holmes, aficionado a la Paleontología (escribió El Mundo Perdido) , a los misterios y a las bromas, que vivía en la zona ( era vecino de Charles Dawson) y tuvo acceso a los restos.

Probablemente la verdad no se sabrá nunca .