La
época del Imperio Romano se desarrolló entre el año 27 a.C y el 476 d.C, siendo la etapa de mayor esplendor que alcanzó esta
antigua civilización. Fue también la época en la que
Roma alcanzó su máxima extensión, dominando todas las costas del Mediterráneo, y convirtiéndose en la
gran superpotencia de la época.

Para construir su Imperio,
Roma tuvo que hacer frente a numerosos enemigos, desde otras grandes potencias como
Cartago, en las denominadas
Guerras Púnicas, a tribus y pueblos que poblaban Europa o el norte de África y que genéricamente, eran considerados como
bárbaros por los romanos.
Una
historia de grandes victorias que convirtieron a Roma en la
potencia dominante del Mediterráneo durante siglos, pero plagada también de
grandes derrotas, destacando: la
batalla de Cannas, en el 216.a.C, cuando el
cartaginés Aníbal Barca venció a las tropas romanas a pesar de encontrarse en inferioridad numérica; o la
batalla del Bosque de Teutoburgo, cuando Roma fue derrota por una
alianza de pueblos germanos en el año 9 d.C.
Sin embargo, ninguna de estas
grandes derrotas de la historia de Roma fue tan sangrienta y causó tantas pérdidas al ejército romano como la ocurrida en el sur de Francia, en el año 105 a.C. Se la conoce como la
Batalla de Arausio, y fue
la mayor derrota en la historia de Roma y una de las batallas con más pérdidas humanas del mundo Antiguo.

En el siglo II a.C., los
cimbrios (o cimbros), un
pueblo de origen germánico y celta, junto con los
teutones, iniciaron una migración a través de
la Galia y el
norte de Hispania, incitando a otras tribus como los
helvecios a rebelarse y luchar contra Roma. La por entonces
República Romana, mandó a
Quinto Servilio Cepión, militar y procónsul de la antigua provincia romana de la
Galia Narbonense (al sur de Francia), que adoptara una posición defensiva en este territorio, ya que esperaban una
posible invasión de estas tribus, que finalmente se produjo en el año 105 a.C.
El ejército del
procónsul Quinto Servilio Cepión acampó en una orilla del
río Ródano, cerca del
pueblo de Arausio. Mientras tanto, el senado romano, había enviado también al
cónsul Cneo Malio Máximo, un militar inexperto, al mando de las
legiones del norte, para ayudar a defender las posiciones romanas en la Galia. La orden de Malio Máximo era reemplazar a Quinto Servilio como
procónsul de la Galia Narbonense y tomar el mando del ejército, sin embargo, Cepión se opuso, negándose a cooperar, y Máximo acabó acampando su ejército en la otra orilla del
río Ródano.

El motivo principal de esta disputa, es que
Malio Máximo era un "
Homo novus", un hombre que procedía de la
nobleza rural y no de la aristocracia, algo que Quinto Servilio no aceptaba por orgullo, negándose a servir bajo sus órdenes. Cuando llegaron las tribus de los cimbrios y los teutones bajo el mando del
rey cimbrio Boiorix, se encontraron a un ejército romano dividido en dos partes con dos ineptos generales al mando.
La
gran batalla de Arausio se produjo el
6 de octubre del año 105 a.C, con un número de fuerzas en combate impresionante para la época. Por un lado se encontraba el
ejército romano, formado por entre
80.000 y 100.000 legionarios, cerca de 50.000 auxiliares y más de 5.000 jinetes. En total, entre 150.000 y 200.000 efectivos sumando los ejércitos de Máximo y de Cepión. En frente, cerca de
200.000 guerreros cimbrios y teutones, o 300.000 según relató el
historiador griego Plutarco.
El primer contacto entre ambos bandos ocurrió unos días antes, cuando Malio Máximo envió al legado
Marco Aurelio Escauro, al mando de la caballería, compuesta por 5.000 jinetes, para que acampara 50 kilómetros al norte del enemigo para vigilarle. Sin embargo
la estrategia fue un fracaso, ya que se encontraron con una avanzadilla de los cimbrios que les rodearon y atacaron su campamento.
Las tribus germanas arrasaron el campamento romano y capturaron al legado Escauro vivo, llevándole ante su jefe, el rey
Boiorix.

Aunque Escauro no fue humillado por su captura, aconsejó a al rey cimbrio que se dieran la vuelta y regresaran a sus tierras de origen antes de que su pueblo fuera destruido por las fuerzas romanas.
Boiorix entró en cólera e indignado por su arrogancia,
ejecutó al legado romano, que según los relatos, fue quemado vivo en una jaula de mimbre.
Para intentar unir los dos ejércitos, el
senado romano envió a varios representantes para que mediaran entre los dos generales. Cuando parecía que
Cepión iba a ceder, moviendo su ejército al mismo lado del río que el de
Malio Máximo, decidió finalmente que la batalla debía darse en un lugar diferente, cruzando el río con sus tropas y estableciendo el campamento más cerca de las tribus germanas, a 30 kilómetros del ejército de Malio.
Viéndose rodeado por dos ejércitos a ambos lados,
Boiorix se replanteó la estrategia y se dispuso a
negociar con Malio Máximo una posible rendición. Ante la incertidumbre de que las negociaciones prosperaran y Máximo volviera a Roma triunfante,
Cepión lanzó un asalto repentino contra el campamento cimbrio el 6 de octubre. Un ataque precipitado sin ninguna estrategia ni táctica estudiada, que se encontró con una férrea defensa por parte de las tribus germanas.
El ejército de Cepión fue aniquilado casi por completo, permitiendo a los cimbrios saquear el propio campamento de Cepión que se había quedado prácticamente indefenso. Cepión consiguió escapar ileso del campo de batalla.

Con esta nueva situación, y la confianza de obtener una victoria fácil,
los cimbrios se lanzaron al ataque para destruir también las fuerzas romanas comandadas por Malio Máximo. Hundidas moralmente por la lucha interna entre los dos generales y la masacre que acababan de presenciar, las
legiones romanas que quedaban tuvieron que hacer frente a los guerreros cimbrios en una situación desesperada y
mal posicionados en el campo de batalla.
Al carecer de la caballería, uno de los flancos quedó al descubierto y fue aprovechado por los cimbrios para arrinconar a los romanos. Las
tropas de Malio habían quedado situadas
de espaldas al río, por lo que no pudieron huir en retirada. La mayoría de los que intentaron escapar por esa vía, acabaron
ahogados en el Ródano, debido a su escasa destreza nadando y al peso de sus armaduras.
La
cifra de víctimas que se cobró la batalla de Arausio es cuestión de debate entre los historiadores. El historiador romano
Tito Livio, estimó que cerca de 80.000 soldados romanos murieron en el combate, a los que habría que sumar las tropas auxiliares. El historiador alemán
Theodor Mommsen, afirmó que además de los 80.000 soldados, perecieron también cerca de 40.000 auxiliares y no combatientes.

Tampoco se sabe con exactitud el número de
bajas que sufrieron los guerreros cimbrios, aunque se estima en torno a 15.000.
Plutarco, en su obra "
Vida de Marius", menciona que el terreno de los campos de la batalla donde se había librado el combate, fueron tan
fértiles por los restos humanos, que fueron capaces de producir "copia magna" (una gran cantidad) de rendimiento durante muchos años.
Una derrota absoluta que se convirtió en
el mayor desastre militar en la historia de la antigua Roma. Aunque por parte del ejército romano apenas quedaron unos pocos supervivientes, tanto el
procónsul Quinto Servilio Cepión como el
cónsul Cneo Malio Máximo, sobrevivieron al
desastre de Arausio y regresaron a Roma, donde
fueron juzgados diez años después.
Cepión fue acusado de "pérdida de su ejército", fue
condenado al exilio, perdió la ciudadanía romana y se le hizo pagar una multa de 15.000 talentos. Murió exiliado en la ciudad de
Esmirna, Turquía.
Malio Máximo, perdió a sus hijos en la batalla y fue acusado por los mismos cargos, siendo juzgado y condenado también al exilio.

La
derrota en la batalla de Arausio fue un duro golpe para Roma, que
perdió gran parte de su ejército y les dejó con un temible enemigo acampado al otro lado de los ahora indefensos
pasos alpinos, quedando la propia Italia a merced de una posible invasión de las
hordas bárbaras. Sin embargo, Roma seguía siendo una gran potencia, que llevaba siglos en expansión y estaba acostumbrada tanto a las victorias como a reponerse de las grandes derrotas.
Los
cimbrios se enfrentaron a otras tribus y posteriormente marcharon hacia los Pirineos en vez de dirigirse a Italia. Esta maniobra les dio tiempo a los romanos para reorganizarse y pocos años después, con el
cónsul Cayo Mario al mando, Roma se enfrentó nuevamente a las
tribus germanas, recuperando el sur de la Galia y expandiendo aún más su territorio, que llegaría a su máxima extensión tiempo después, durante la
época del Imperio Romano.